Esa zanahoria, delante del hocico, que nunca alcanzas…

(Inasequible al desaliento –ya la conocéis– Emy se ha empeñado en elegirme para una de esas interminables ‘cadenas’ en las que todos hemos de escribir sobre un tema. En ésta ocasión, elegido por otra ‘endiablada’ liante, Nieves, a quien no se le ha ocurrido otro asunto para elucubrar que las añagazas de nuestras madres cuando querían salirse con la suya. Esto es: siempre).
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Primero, y más importante que todo lo demás: tuve una infancia feliz no, lo siguiente. Casi como la de la familia de la rama de al lado… Y eso ha marcado todo lo que ha venido a continuación, y lo que me queda de dar guerra en este barrio. Porque soy de los que creen que el dramaturgo británico Tom Stoppard tenía razón, cuando escribió “Si llevas tu infancia contigo nunca te harás viejo”.

Dicho lo cual, tengo la fortuna de poder juzgar la paternidad desde un siempre sano doble punto de vista: he sido hijo y ahora soy padre. Cierto es que mantengo, como ya creo haber escrito en alguna otra ocasión, que los de mi generación hemos sido hijos cuando lo interesante era ser padres, y ahora somos padres cuando el chollo está en ser hijo. Pero disquisiciones filosóficas que darían para discutir durante horas aparte, de lo que se trata hoy es de contar al menos tres de las milongas con las que venía equipada de serie nuestra progenitora. Y a ello voy raudo.

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¿Quién dijo que ser perfeccionista fuese malo?

¡Venga, qué demonios: que haya merecido la pena empezar a leer esta entrada! Una anécdota para tener conversación con los amigos en el bar, con la vecina estupenda en el ascensor o con el becario a nuestro cargo, mientras se paga el cafelito de media mañana.

Para las escenas de ‘El Resplandor’ en las que no se ve a Jack Nicholson aporrear con vehemencia las teclas, pero sí que se oye el sonido de su máquina de escribir, Stanley Kubrick hizo que sus ayudantes le consiguiesen la grabación de un mecanógrafo escribiendo la frase “All work and no play makes Jack a dull boy”. Y es que algunos asesores le habían comentado que cada tecla de una máquina de escribir suena diferente, y Kubrick, que quería mantener la autenticidad, insistió en que se escribiera esa frase para la grabación. Era un perfeccionista.

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24 meses después…

Han sido dos ya los años han transcurrido desde que se me ocurriese poner en marcha esta diario, y trescientas y pico entradas después no me queda más remedio que clausurar los comentarios a cada publicación que hago. El motivo no es otro que la cantidad de horas que paso respondiendo a quienes tienen la amabilidad, no sólo de pasar por estas páginas, sino de dejar su siempre apreciada opinión; lo que me lleva indefectiblemente a visitar a mi vez sus ‘blogs’, y dejar la mía, como mandan las leyes más elementales de la cortesía.

Así, entre una y otra actividad, paso más horas escribiendo comentarios en las bitácoras de los demás que en mi propio diario; y como no es para eso para lo que lo creé, opto ahora por dar por finalizado ese infernal círculo vicioso que me resta tiempo para casi todo: para mis obligaciones y para mi ocio y el de mi familia. Mis padres están ya muy mayores y me necesitan más, los partidos de fútbol americano sin ver se me acumulan, lo mismo que las lecturas pendientes…

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Diario de vacaciones

buceo_entre_basura_alterfines25 de julio: Nergal me acaba de informar de que hay en marcha una iniciativa colectiva para contarnos unos a otros las pasadas vacaciones. Me pongo a ello.

26 de julio: Maletas. Tema peliagudo en casa. Yo, una bolsita de Alcampo con unas chanclas, un bañador y dos camisetas. Mi Santa y mi Adolescente favorita, sendas maletas, bien cargadas. ¿Con qué? Ahhhhh…

27 de julio: Viaje de 700 kilómetros hasta las playas de Cádiz, con parada intermedia para ver a un cliente en Sevilla.

28 de julio: Mi Adolescente favorita nos informa de que este año quiere ir a la playa a toda costa. Algo del tono de su piel… Pierdo el interés a los 5 minutos.

29 de julio: Domingo de churritos, mañana de asueto y tarde de holganza. Para eso son las vacaciones ¿no?

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Un optimista irredento (y encima reilusionado)

jirafa_alterfinesDice mi santa esposa (en adelante, mi Santa; como ese otro Consorte que yo me sé) que soy un optimista irredento. Que basta que no acertemos ni uno sólo de los 5+2 numericos de los Euromillones, para que encuentre una explicación disparatada: “Es que viendo que se han acumulado sendos ‘botes’, próximos ambos a los 200 millones de euros, no he querido que nos tocasen premiso inferiores…”. Y me he quedado tan ancho, mientras ella sopesaba si golpearme con la barra de pan recién comprada o emplear los cuatro euros que destinamos cada semana a hacernos cresos en alguna empresa más productiva.

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De astro rey a planetoide

osito_peluche_alterfines“¡Papi, Papi, ayúdame a mirar!”, recuerdo aún, como si fuese ayer mismo, que me dijo mi hija Alejandra. Nos asomábamos juntos a un balcón sobre un espectacular cortado. El que permite disfrutar de la ocasional caída de agua que rebosa el muro del Pantano de Entrepeñas, en Guadalajara. ¿Qué podía tener? ¿Cinco, seis años? Por entonces –ahora es toda una adolescente– yo era el sol alrededor del que giraba su galaxia; la única, por cierto, de su pequeño universo. Y Cristina era la Estación Espacial, a la que podía recurrir cada vez que necesitaba ayuda de cualquier tipo. Me necesitaba hasta para contemplar la grandeza de un paisaje…

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El hamster deja la rueda hasta septiembre

necesito_vacaciones_alterfinesParece que no llega nunca, y sin embargo quedan menos de tres semanas. Me refiero al periodo vacacional: esos 30 días de asueto en los que puedes dejar momentáneamente la rueda, y dedicarte a disfrutar de placeres sencillos como ver atardecer sentado en la terraza, levantarte de la cama cuando te da la gana y tomar decisiones tan arduas como si vas a elegir una cápsula de Vivalto o de Arpegio para el cafelito de la sobremesa. Menos de tres semanas para ese merecido descanso que todos necesitamos; más que nada para no seguir funcionando como los autómatas: sin otro sentido que nos ‘den cuerda’ a final de mes. Pero sin nada nuevo que aportar a la tarea diaria. Sin una pizca de creatividad.

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