El hamster deja la rueda hasta septiembre

necesito_vacaciones_alterfinesParece que no llega nunca, y sin embargo quedan menos de tres semanas. Me refiero al periodo vacacional: esos 30 días de asueto en los que puedes dejar momentáneamente la rueda, y dedicarte a disfrutar de placeres sencillos como ver atardecer sentado en la terraza, levantarte de la cama cuando te da la gana y tomar decisiones tan arduas como si vas a elegir una cápsula de Vivalto o de Arpegio para el cafelito de la sobremesa. Menos de tres semanas para ese merecido descanso que todos necesitamos; más que nada para no seguir funcionando como los autómatas: sin otro sentido que nos ‘den cuerda’ a final de mes. Pero sin nada nuevo que aportar a la tarea diaria. Sin una pizca de creatividad.

Es como cuando estás conduciendo, en un viaje largo por carretera. De repente te fijas en la distancia ya recorrida, y caes en la cuenta de que la última vez que le echaste un vistazo llevabas 70 u 80 kilómetros menos. ¿Qué ha sido de todo ese espacio? Que en 70 u 80 kilómetros de paisaje caben muchos arbolitos, muchas vaquitas y muchos radares de la DGT ¿Quién ha estado conduciendo en tu lugar? O mejor dicho, ¿qué demonios has estado haciendo mientras pasabas los mojones, uno tras otro, a velocidad de crucero?

Mientras tu cabeza rememora lo mucho que te gustó la película que viste el último fin de semana, o repasa con nostalgia el paso del tiempo, por lo amarillos que están los árboles y lo poco que queda para el invierno, tus manos, tus pies y tus ojos han estado haciendo su trabajo. Es más, si en un momento dado hubiese hecho falta que la consciencia tomase el mando –no sé, uno de esos tarados que circulan por el carril izquierdo a 95 kms/h– lo habría hecho sin problemas. Lo sé porque durante un tiempo fui muy aficionado a los audiolibros: me tocaba hacer frecuentes viajes por carretera y en algo tenía que entretenerme, que no fuese cantar a voz en cuello las letras de Bob Dylan. Nunca tuve el menor problema en seguir una narración, incluso con el intríngulis de una ‘novela negra’, y sin embargo salir airoso de posibles accidentes con energúmenos que conducen su Porsche Cayene como si estuviesen en el circuito de  Monza.

Algo similar me sucede con la tarea diaria, cuando llevo acumuladas muchas jornadas iguales entre sí y, como sucede últimamente con frecuencia –para mi desgracia– mucho cliente cutre. Mucho empresario, ya no pequeño y mediano, sino ínfimo, que se cree con derecho a regatearte tus honorarios, desde la más absoluta ignorancia sobre lo que haces y, lo que es más grave, sobre lo que a él le vendría mejor. Individuos que tienen un negocio porque el capitalismo es así de anárquico en ciertos aspectos, para los que se supone que he de dar lo mejor de mí mismo; y luego ni aprecian el trabajo bien hecho, ni se merecen el esfuerzo que hacemos por ellos mi socio y yo (y por supuesto el Pirata Roberts).

Así que sí, ando anotando con la uña, en la cal de la pared de mi celda, los madrugones que me restan, los correos electrónicos que aún habré de responder y los comunicados de prensa que me quedan por lanzar antes de bajar al Sur. Donde me espera un gigantesco enchufe en el que cargar la batería que se aloja en la parte dorsal de mi exoesqueleto.

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2 pensamientos en “El hamster deja la rueda hasta septiembre

    • Para los que no sepan coreano, Daniel, la traducción es: “Felicidades. Desde luego, es buena: una contribución estupenda, como lo ha sido encontrar su publicación”.
      Gracias.

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