De astro rey a planetoide

osito_peluche_alterfines“¡Papi, Papi, ayúdame a mirar!”, recuerdo aún, como si fuese ayer mismo, que me dijo mi hija Alejandra. Nos asomábamos juntos a un balcón sobre un espectacular cortado. El que permite disfrutar de la ocasional caída de agua que rebosa el muro del Pantano de Entrepeñas, en Guadalajara. ¿Qué podía tener? ¿Cinco, seis años? Por entonces –ahora es toda una adolescente– yo era el sol alrededor del que giraba su galaxia; la única, por cierto, de su pequeño universo. Y Cristina era la Estación Espacial, a la que podía recurrir cada vez que necesitaba ayuda de cualquier tipo. Me necesitaba hasta para contemplar la grandeza de un paisaje…

Pero, ay amigo, eso hace tiempo que tocó a su fin. Ahora he salido abruptamente de su órbita, y para ella mi imagen vaga hacia los confines del sistema planetario, a una velocidad muy superior a la que lo hacen el resto de objetos espaciales, a consecuencia del ‘Big Bang’. Crece, y ha de buscar su hueco en esta vida, reafirmándose a base de negar a “su viejo”, que además ha dejado de entender de música, de ropa, de cine, de ¿todo? Lo sé, lo sé. Es una etapa. Volverá a abrazarme y a decirme lo mucho que me quiere, pero se está haciendo dura la espera.

Claro que a lo mejor me está bien empleado: también me recuerdo a mi mismo, como si fuese ayer, quejándome de que no podía seguir el Seis Naciones de Rugby porque tenía que ocupar todas y cada una de mis horas de ocio con ella. Aunque sólo fuera para estar a su lado mientras construía su primer Lego. ¿Habéis probado a leer el periódico sentados en una sillita de mimbre para peluches, mientras os sirven una taza de té imaginario, y habéis de ofrecer un plato de pastas igualmente imaginarias a un conejo, a un bebé sin brazos y a un elefante disfrazado de princesa de Disney? Pues, créedme: acabas echándolo de menos, y renunciarías a ver la Ryder Cup –y si me apuras a disputarla– por volver a tener toda su atención cuando empieza a renegar de ti.

Así que, en resumidas cuentas, es una gran verdad aquello de que hay que disfrutar cada etapa en la vida de tus hijos; es absolutamente cierto. Porque cada una tiene su magia, aunque parezca que no. Y porque cuando quieres darte cuenta tu “peque” habrá dejado de serlo. Bueno, tuyo, tuyo, no lo fue nunca: puedes empeñarte todo lo que quieras, pero los hijos no son de uno, son… de la vida.

Hoy toca melancolía.

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28 pensamientos en “De astro rey a planetoide

  1. Si lo llego a saber, este post no lo leo. Me ha entrado la melancolía a mi también, echando de menos a mi padre, con el que tampoco compartí muchos momentos, prácticamente me criaron mis abuelos y una pantalla, él aun vive, pero si juntamos días que lo he visto desde que se fué hace ya ocho años, lo habré visto tres o cuatro meses si llega, ya hablaré de esto un día.

  2. ¡Qué bonito!
    Pero en el fondo no dejamos ni mucho menos de quereros 🙂
    Lo que pasa es que tratamos de descubrir las cosas por nosotros mismos, luego nos damos la hostia (con perdón) y la conclusión es que nuestros padres tenían razón en lo que nos dijeron, pero ni mucho menos lo vamos a admitir jajajaja.
    Mi consejo, por experiencia propia, es que no seas muy prohibitivo ni controlador, no es bueno… 😦
    Saludos! 😉

  3. Ay mi madre. Yo ayer renegando de que no podía actualizar el blog ni leer los de ustedes porque tenía al enano encima mío todo el rato y ahora pones esto y yo (¿ya te dije que tengo incontinencia llorinaria?) buaaaaaaaaaaaaaaaaa… y lo de Aitor. Mi madre del amor fermoso, estoy en una depre de las que Dior manda… buaaaaaaaaaaaaa….

    • Arriba los corazones, Marga: aprovecha mientras puedes tenerlo en tus rodillas, que para echarle en cara que “eres un descastado” 😉 “ya no quieres saber nada de tu madre” 😉 y “con lo mucho que he hecho yo por ti” 😉 en cuanto diga que se quiere quedar a dormir en casa de un amiguito, tienes tiempo.
      (¿Ves qué poco cuesta echarse una risa, mujer?)

  4. Compañero, como se que esto pasará no te quepa duda de qeu estoy aprovechando cada minuto con ellas, se me hará duro de cualquier manera, pero es ley de vida, como dices “volverá”.

    • Hace unos días se lo dije a… no recuerdo… Ese olor de su nuca, Dess: eso se ha vuelto para mi como el ‘caballo’ para el que lo deja. Oye, y que ahora no se deja ni a tiros 😉 En verano, lo comprendo, porque me dejo barba de oso y pincho –Cristina dice que contactos los mínimos: que si quiero ser un zarrapastroso es mi problema, no el suyo–, pero… ¿el resto del año? ¿Habrá Metadona para esto mío? Sniff, sniff

  5. Yo no soy padre, pero tengo un sobrino, Gabi, de siete años. Toda la semana pasada estuvo en casa y, aparte de jugar con él a todas horas, ir dos veces en cinco días al Museo de la Ciencia y responder a todas sus preguntas sobre lo divino y lo humano, me aprendí de memoria todos los personajes de sus series de dibujos animados favoritas. Ahora ya no está conmigo, pero todavía lo echo de menos.

    • Es que tú debes de ser el Tío Genial ese que (casi) todos hemos tenido: soltero, cariñoso, enrollado, buena gente, pendiente de uno… A mí me queda uno así –fíjate la edad que debe de tener ya el pobre–, lo que pasa es que vive en Canarias; lejos para mí. Coincidimos hace unos años en una boda, y como ya no estaba para muchas juergas, al día siguiente le invité en Madrid a una cuchipanda en un buen restaurante, y ese recuerdo supongo que los dos lo llevamos presente hasta que “toque” de nuevo. Espero que pronto.

      Verás aún lo que te queda por vivir con tu sobri…

  6. La Ley de Vida, implacable, como el tiempo…Lo bueno es que debe ser así y que otros tiempos vendrán,diferentes pero buenos también.
    Alter, lo más importante es la felicidad que se acumula en forma de recuerdos de esas experiencias y que sirve de vitamina para el alma, años y años después.
    Tu hija tiene, ya, una buena provisión de esas vitaminas…; – )
    Besos.
    NB: Desgraciadamente, hay quien no tiene demasiadas reservas de esta vitamina en su despensa…

    • Te lo agradezco, bypils. Ya digo que, aun sabiéndolo, se hace duro.

      ¿A ver si en realidad estoy tratando de dar un poco de penita para cosechar abrazos virtuales? 😉

      En todo caso, el tuyo se agradece.

      (Más) besos.

  7. Es la ley de la vida pasar de ser Astro Sol a planetoide. Ellos (los hijos) son comentas y tarde o temprano regresarán al Sol que los vio nacer. No te hablo como padre (que no lo soy que yo sepa), te hablo como hijo, como cometa. Cuando esa vuelta produzca será algo más como Tierra y Luna, una sistema de dos Soles. Te dejo este vídeo, que aunque los hijo/as no lo digamos lo sentimos de verdad, tu “peque” también.
    Un fuerte abrazo

    • Gracias, compañero:

      a) Por el abrazo.

      b) Por la balada (“You’re with me / In every word I say / In every hour / Of every single day / In all I do / I’m just a part of you”), que me gusta sobre todo hacia el final, cuando entra la batería.

      c) Por seguirme la metáfora.

      Otro abrazo (fuerte)

  8. Preciosa y precisa entrada. Además me has dado la entrada de mañana.
    Volverá seguro. Pero es cierto que esa etapa es maravillosa y que cuenta con anécdotas y recuerdos imborrables.
    Besazo

  9. Es cierto Alter, pero volverá antes de lo que piensas, volverá y permanecerá a tu lado siempre, más o menos cerca. De los padres comprensivos, los hijos nunca se desprenden del todo. Cuando tenga un problema o problemilla, reclamará tu atención, la de su madre o la de ambos. La vida del adolescente es dura y siempre necesitan nuestro apoyo.
    Un abrazo, querido amigo.

  10. No sabes como te entiendo!!!!!!!!!!
    Lo que tu dices, son etapas… pero la mejor viene cuando se emancipan 😀
    Bromas aparte, nunca fueron nuestros pero no sufras… nunca se van del todo!
    Un besito mimoso de una hija-madre.

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