Hogar, profesional hogar

trabajar_en_casa_alterfinesSi introduces en San Google “ventajas + inconvenientes + trabajar en casa” te aparecen aproximadamente 1.310.000 resultados. Así que todo parece indicar que a) es un tema que le interesa al personal, yb) las empresas están empezando a practicar –por las malas, claro, que es como les gusta– aquello del teletrabajo, que los gurús ya nos empezaron a ‘vender’ en los años 90. Pues bien, no escribo esto ni porque me vaya a proporcionar más visitas, ni porque tenga un patrocinador que me pague por disertar sobre el tema; ni siquiera porque sea un gran líder mediático, de barbilla pronunciada, calvicie brillante y cierta tendencia al lenguaje soez –pero con irresistible encanto para las mujeres, y, por qué no decirlo, también para los hombres–, sino porque se lo prometí a Latidos hace ya un par de semanas. Y uno, que otra cosa no, pero cumplidor es un rato largo, no ha podido por menos que recapacitar sobre qué motivos le impulsaron a dejar su estupenda oficina, y dedicarse a dar lo mejor de su faceta profesional desde el cuarto de estar, y si le encuentra más ventajas que inconvenientes, o viceversa.

(Aviso para navegantes: nadie, ni siquiera ella, está obligado a leerse las 1.500 palabras exactas que tiene esta entrada. Mi abogado me ha dicho que haga constar este aviso para evitar demandas por desmayo, deshidratación e ictus cerebrales, consecuencia de su lectura “del tirón”).

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Que lo supiera, no lo hace más llevadero

final_vacaciones_alterfinesSe terminan mis vacaciones. Dentro de 48 horas estaré de nuevo en Madrid, metido en la jaula y dando vueltas en la rueda. Se acabó lo bueno. Mañana domingo, 700 kilómetros y de vuelta al redil. Sé que a quienes no tienen trabajo les sonará cruel (por ser políticamente correcto) que quien sí que lo tiene reniegue de él, pero de lo que realmente me quejo es de lo esquiva que me es la fortuna. Los Euromillones, en concreto. ¿No podían haberme caído unos pocos anoche –caramba: había un ‘bote’ de 47 ‘kilos’, y eso da para repartir a base de bien–, en lugar de irle a parar a un luxemburgués, estonio o checo, que seguramente se lo merece mucho menos que un servidor? Pues va a ser que no. Así que mañana, carretera y manta, y a esperar 334 días. Y contando.

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Las entradas tienen vida propia

caminos_inescrutables_alterfinesLas entradas tienen vida propia. Hoy, sin ir más lejos, iba a aburrir a las patas del aparador frente al que escribo, con esa manía que les ha entrado a nuestros mandamases de que andemos denunciándonos unos a otros –la dejo para mañana–, cuando me he puesto a hacer comentarios de la más diversa índole en los diarios de los demás; que es algo que me apasiona. Una cosa ha llevado a la otra, y así me he tirado media mañana. De modo que al final se ha hecho realidad aquello de que los caminos de la Red –¿o eran los de ese ‘señor’?– son inescrutables.

El caso es que hablando con Dolega sobre hermanos, he concluido que nunca hasta ahora había escrito sobre ellos. Y dado que uno no me lee, y el que sí anda perdido por los Pirineos, aprovecho para eliminar sobrecarga emocional, airear algún trapillo no del todo limpio y presentaros a dos individuos que merecen, muy mucho, la pena. Ea.

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Decidas lo que decidas, alguien saldrá malparado

Los dilemas morales me apasionan. Supongo que porque no soy yo el protagonista, claro. Porque, ¿a quién le gustaría verse involucrado en ese tipo de planteamientos, en los que debes decidir entre la menos tremenda de las opciones? Me refiero a esas narraciones breves, en la que se plantea una situación problemática que presenta un conflicto de valores, ya que el problema moral que exponen tiene varias soluciones posibles, que entran en conflicto unas con otras. En román paladino, es el clásico caso del juez que ha de decidir si sentencia o no a cadena perpetua a un peligroso delincuente, cuyos esbirros secuestran a la hija del magistrado, y amenazan a éste con asesinarla si no deja en libertad incondicional a su jefe. Si toma la decisión ética, el criminal recibirá el castigo que la justicia considera que merece, pero estará sacrificando a su hija; si se inclina por la decisión humana, la salva a ella, pero habrá sido el responsable de poner en libertad al convicto, y cualquier nuevo crimen que cometa –incluso el asesinato de las hijas de otros– recaerá sobre su conciencia.

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Un poco de autoestima

Moviendo a las masas a hacer cosas. Allá vamos. Leí en cierta ocasión una anécdota que viene al caso. Es ñoña, lo sé. Y probablemente ni siquiera sea el primero que la saca a colación de la coyuntura actual. Pero ahí va. Habla de un emprendedor que vivía al lado de una carretera, y vió la oportunidad de poner en marcha un negocio de restauración; en concreto, un puesto de venta de bocadillos. El tipo en cuestión era algo sordo, y no escuchaba con atención lo que decían en la radio. Tampoco tenía una vista de lince, por lo que apenas se interesaba por lo que decían los periódicos. Ahora bien, vendía unos bocadillos que debían de ser sabrosos no, lo siguiente. Pero como no le bastaba con la publicidad boca a boca que le hacían los propios clientes, puso junto al puesto un enorme letrero luminoso y unos altavoces con una grabación que repetía lo deliciosos que estaban aquellos bocadillos calientes.

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Un genio venido a menos

¿Dónde ha ido a parar todo aquello que pensé cuando era un chaval? ¿Qué fue de mis grandes planes, mis ideas geniales, las reflexiones poco frecuentes para alguien de mi edad, y aquellas prolijas elucubraciones antes de tomar una decisión o de ponerme a hacer algo?

¿Estaré siendo algo pedante, o es que acaso tengo un exagerado recuerdo de mí mismo, viéndome tan sesudo a tan temprana edad? El caso es que sí que pasaba buena parte de mi tiempo de ocio dándole vueltas a la pensadera sobre todo lo habido y por haber.

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