En el pueblo nos gusta el humor ‘grueso’

Tengo más de tres décadas de vida y de experiencias acumuladas que cualquiera de estos gamberretes. Soy padre; bien es cierto que unas veces más responsable que otras. Tengo una empresa, que tampoco va como para echar cohetes –que le pregunten a mi Santa– y cualquiera que me viese por la calle podría fácilmente confundirme con eso tan desagradable que escuchaba a mis mayores, cuando era un ‘monicaco’: una persona de bien. Y aún así, me encantan las bromas de pueblo, como la que perpetran estos ‘pepsicolos’ con un poco de laxante, unos botes de patatas fritas y unas gaviotas hambrientas.

¡Venga, que es fin de semana! Como decía el genial Gila: “Y si no te gusta la broma, te vas del pueblo”. O de la playa…

Si no te gustan las bromas, te vas del pueblo

Sé que probablemente es un comportamiento desviado mío, pero no puedo evitar ‘partirme la caja’ cada vez que veo a estos tres compañeros de piso. La broma –de las de pueblo, pueblo– tiene más años que la tapia del río, pero es que algunos no aprenden nunca. Y los lunes, no está uno para cosas más profundas…

¿La mejor opción?

Me ha hecho gracia recordar una vieja broma de “cazatalentos”, en la que Jesucristo contrata a Jordán Consultores para que le asesoren sobre un posible sucesor con garantías, y estos le responden por carta:

“(…) Simón Pedro es inestable emocionalmente, pudiendo llegar a ser violento en situaciones de tensión. Andrés carece absolutamente de cualidades para el liderazgo. Los dos hermanos, Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, colocan sus intereses personales por encima de la lealtad a la empresa. Tomás manifiesta una actitud dubitativa que tiende a socavar su moral. (…)

Sigue leyendo