Un poco de autoestima

Moviendo a las masas a hacer cosas. Allá vamos. Leí en cierta ocasión una anécdota que viene al caso. Es ñoña, lo sé. Y probablemente ni siquiera sea el primero que la saca a colación de la coyuntura actual. Pero ahí va. Habla de un emprendedor que vivía al lado de una carretera, y vió la oportunidad de poner en marcha un negocio de restauración; en concreto, un puesto de venta de bocadillos. El tipo en cuestión era algo sordo, y no escuchaba con atención lo que decían en la radio. Tampoco tenía una vista de lince, por lo que apenas se interesaba por lo que decían los periódicos. Ahora bien, vendía unos bocadillos que debían de ser sabrosos no, lo siguiente. Pero como no le bastaba con la publicidad boca a boca que le hacían los propios clientes, puso junto al puesto un enorme letrero luminoso y unos altavoces con una grabación que repetía lo deliciosos que estaban aquellos bocadillos calientes.

Hasta ahí, todo de manual de escuela de negocios. La clientela se comportaba como se espera siempre de ella: inclinándose por los ‘bocatas’ caseros del hombre, en detrimento de otras ofertas gastronómicas del pueblo. Así es como fueron creciendo también sus pedidos a los principales proveedores: el del pan, los de los diferentes rellenos, los de los refrescos que la gente pedía para no tomarse los bocadillos a palo seco… de pan y carne. Alquiló al ayuntamiento de la localidad un emplazamiento mejor, para poder ocuparse de la creciente demanda de su negocio, e incluso le comentó a su hijo que, en cuanto regresase de la Universidad, donde estudiaba Empresariales, tendría trabajo asegurado en la pyme familiar.

Pero hete aquí que el hijo regresa de la capital con ganas de hacer valer sus estudios superiores. Y no se le ocurre otra cosa que comentarle a su padre que es poco menos que insensato, con la que está cayendo, llevar su negocio de forma tan alegre; venga a pedir cada vez más producto a sus proveedores, etcétera. “Estamos atravesando una crisis gravísima. La situación no puede ser peor. ¿Es que no escuchas la radio, ni ves la tele?”. El pobre hombre, que se había gastado un pastón en la educación de su único hijo pensó si no tendría éste razón, porque si lo repetían tanto debía de ser por algo. A ver si iba a ser él el último en enterarse de lo mal que estaba todo…

De modo y manera que empezó a adquirir menos pan, menos rellenos y menos refrescos, dió de baja la publicidad visual y la sonora, y sus ventas comenzaron a disminuir, como es lógico, a ojos vista. Hasta que no le quedó otra que cerrar; haciéndolo convencido de que la crisis se lo había llevado por delante. ¿Un cuentecillo un poco extremo? De eso nada: hemos tenido y tenemos [mi socio y yo] clientes exactamente así: “Ay, es que como no abro franquicias, voy a dejar de promocionarme”. ¡Pero serás majadero, hombre! Precisamente, si dejas morir algo, dejará de existir seguro. Porque eran tu impulso, tu ilusión y tus ganas los que lo mantenía con vida. Y hoy en día, si no dices a los cuatro vientos, y con el mayor megáfono que puedas encontrar, lo bueno que eres, por muy prícipe azul que seas te quedas en sapo mugriento toda tu puñetera vida. Así que a aplicarse el cuento: cada uno firme, en su puesto, vigilando con el rabillo del ojo la crisis, pero mirando de frente la realidad.
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2 pensamientos en “Un poco de autoestima

  1. Gran blog! Me estoy destornillando de risa todavía con la entrada de la Prima de Riesgo… tus entradas no tienen desperdicio. De blogger a blogger: mucho ánimo, tienes un blog dpm!

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