Hogar, profesional hogar

trabajar_en_casa_alterfinesSi introduces en San Google “ventajas + inconvenientes + trabajar en casa” te aparecen aproximadamente 1.310.000 resultados. Así que todo parece indicar que a) es un tema que le interesa al personal, yb) las empresas están empezando a practicar –por las malas, claro, que es como les gusta– aquello del teletrabajo, que los gurús ya nos empezaron a ‘vender’ en los años 90. Pues bien, no escribo esto ni porque me vaya a proporcionar más visitas, ni porque tenga un patrocinador que me pague por disertar sobre el tema; ni siquiera porque sea un gran líder mediático, de barbilla pronunciada, calvicie brillante y cierta tendencia al lenguaje soez –pero con irresistible encanto para las mujeres, y, por qué no decirlo, también para los hombres–, sino porque se lo prometí a Latidos hace ya un par de semanas. Y uno, que otra cosa no, pero cumplidor es un rato largo, no ha podido por menos que recapacitar sobre qué motivos le impulsaron a dejar su estupenda oficina, y dedicarse a dar lo mejor de su faceta profesional desde el cuarto de estar, y si le encuentra más ventajas que inconvenientes, o viceversa.

(Aviso para navegantes: nadie, ni siquiera ella, está obligado a leerse las 1.500 palabras exactas que tiene esta entrada. Mi abogado me ha dicho que haga constar este aviso para evitar demandas por desmayo, deshidratación e ictus cerebrales, consecuencia de su lectura “del tirón”).

No dudo de que cuando las generaciones que han de recoger nuestro testigo laboral terminen con el estigma ese del “ni estudian, ni trabajan”, verán como algo natural trabajar desde su propia casa. Acostumbrados como están a relacionarse a todos los niveles a través de una interminable variedad de cachivaches electrónico-telefónico-informáticos, para ellos será absurdo desplazarse cada mañana, entre el fragor de un tráfico irrazonablemente concentrado en un par de horas “punta”, a una oficina situada en la otra punta de la ciudad. Y todo para hacer un trabajo que bien puede desarrollarse gracias a un portátil y un teléfono; lo mismo que cumplir con un horario pensado por empresarios a los que lo que realmente satisface es –como mamá pato gusta de tener a patitos bajo bajo el radio sus alas– mantener a todos sus empleados encerrados en el mismo sitio de sol a sol, cuando en realidad su labor podría hacerse en 5 ó 6 de esas 7 u 8 horas que pasan cumpliendo el expediente.

Pero no es nuestro caso. Me refiero a los que ya no vamos a cumplir los ¿30…? Al menos en esta reencarnación. Hemos aprendido que cada mañana es preciso estar en perfecto estado de revista tres cuartos de hora mínimo antes de salir de casa, con un desayuno ingerido deprisa y corriendo, para cumplir una o más de las situaciones descritas en el párrafo anterior: ‘comernos’ el atasco, pasar horas disimulando hasta el momento de cerrar los cajones y ponerse el abrigo sin que el jefe te mire mal, etcétera.

Hasta que las circunstancias, como es mi caso, te ponen ante la posibilidad de trabajar en casa. Un buen día, mi socio me invitó a un café y me expuso lo siguiente: “Mantenemos una oficina que sale por ‘un pico’, ¿para qué? En siete años de actividad no ha venido a vernos ni un sólo cliente, que han preferido sus despachos o sus salas de reuniones, y su café al nuestro. Tenemos empleados responsables, que están con nosotros desde el principio; a los que no hay que decirles ni siquiera lo que deben hacer a diario, que seguramente estarán encantados de ahorrarse cada mes el abono de transportes, y a los que vernos un poco menos las caras seguro que les ayuda a adelgazar. Tú y yo nos hemos acostumbrado a trabajar el uno enfrente del otro, pero no va a pasar nada porque nos veamos ‘los jetos’ por Skype. Así que, si no te parece mal, cerramos el tenderete, que no la empresa, y así nos ahorramos, entre alquileres, luces, aguas, teléfonos, limpiezas y cápsulas para la Nespresso que han despreciado nuestros amadísimos clientes, un pastucial. En concreto, unos 2.000 euritos/mes, que dividiré entre dos –que hasta ahí llego– e ingresaré cada primero de mes en tu cuenta y en la mía”. Una oferta que, como decía Marlon Brando en ‘El Padrino’, no podía rechazar.

Y aquí estoy, trabajando desde mi cuarto de estar. No pierdo tiempo en desplazamientos diarios, aunque es cierto que yo empleaba siempre éstos para leer en el transporte público, y esas son unas buenas entre 5 y 6 horas de lectura que no he logrado recuperar. Porque no vale aquello de “pues te pones a leer en el salón de casa”; las distracciones son demasiadas. Es verdad que trabajas un poco más a tu aire, pero no deja de ser cierto que al final tienes que hacer las mismas tareas que si estuvieses en un polígono industrial, a 15 kilómetros de tu hogar; así que lo correcto sería decir que te organizas a tu aire. Con buena música disponible y la temperatura que te da la gana, porque ni lo uno ni lo otro ha de satisfacer más gustos que el tuyo. Y como eres más productivo, porque le dices adiós a las inútiles reuniones matutinas de trabajo, y similares, te queda más tiempo libre para tu familia –en mi caso, por ejemplo, llevar a mi hija al colegio e ir a buscarla a la salida– o para coleccionar abanicos rumanos del siglo XVI.

Otra ventaja, a mi modesto modo de ver, es que no tienes que arreglarte cada mañana, sólo porque sí. A ver, la ducha y el afeitado –para los tipos normales– no te los quita nadie, pero la chaqueta y la corbata aguardan a las citas concretas. Y el hecho de buscar la ergonomía hace que se reduzca el desorden propio de la oficina, en general, e inherente a los periodistas, en particular: como cada mediodía he de recoger mis bártulos hasta el día siguiente, no hay montaña de papelotes, ni lío de cables que valga. Y hasta aquí las ventajas, de las que me he podido dejar alguna, que a buen seguro aparecerá recriminada en los comentarios…

Vamos con los inconvenientes: al no salir de casa, más que lo imprescindible, no conoces mundo. Bromas aparte, te pierdes hasta las cosas que suceden tres calles más abajo de la tuya, y empiezas a considerar una excursión ir a la otra punta de la ciudad, y un viaje en toda regla salir al extrarradio. Pero eso, en mi caso, se suple porque cuando no estoy entrevistando nuevos clientes, estoy cubriendo informaciones que me exigen los existentes, o fotografiando personas y establecimientos de sus respectivas cadenas. Tu vida social se reduce, porque trabajar desde casa, tu solito, no es lo mismo que hacerlo en una oficina, con gente. A diario ves personas, almuerzas con compañeros, sales a tomar un café y enterarte de sus cosas, etcétera. Mucha gente, incluso, tiene su grupo de amigos en el trabajo. Y yo pienso, ¿tan triste es su vida, que no pueden dejar de pasar sus momentos de ocio con la misma gente con la que comparten la jornada laboral? Pero, oye, allá cada uno. Cuando quiero almorzar con un amigo, lo hago; y cuando quiero tomarme un café con un ex compañero, voy a verle, o viene él a mi casa –que la Nespresso me toco a mí en suerte–.

Sí que tiene una pega tener el despacho en tu cuarto de estar: o autocontrolas tus horarios o acabas trabajando más que el palo de la bandera. Y a eso tardas en hacerte, porque te quedan aún restos de esa odiosa educación judeocristina, con la culpabilidad siempre a cuestas, que te hace pensar que si no le dedicas media horita más cada día, estás engañando a tus clientes; cuando lo cierto y verdad es que has sido igual de productivo para ellos, o más si cabe, habiéndote aplicado a fondo durante el tiempo que te has marcado como de trabajo. Pero, ojo, requiere disciplina; casi nadie es consciente de la dosis “extra” de orden y ánimo que precisa el trabajo en casa. A pesar de que te guste lo que haces, no siempre vas a estar motivado. Ya sea porque hace un día maravilloso para dar un largo paseo con tu perra, o porque tienes grabado un partido del Seis Naciones, cuyo resultado estás deseando conocer, siempre habrá días en que te apetezca cualquier cosa menos ponerte a currar.

Y por último está también una cierta tendencia al sedentarismo, que dirían los políticamente correctos, o a que el culo se te ponga como un barreño de sangría de fiesta de pueblo. Nada que no pueda combatirse con una horita de pedaleo al caer la tarde, mientras disfrutas de ese partido que aguantaste sin ver por la mañana. Y en mi caso, la costumbre de levantarme para hablar por teléfono, y pasear a lo largo y ancho de mi casa, mientras hablo con mis interlocutores. Lo dicho: podéis encontrarme en casa para lo bueno y para… trabajar.

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44 pensamientos en “Hogar, profesional hogar

  1. Ese es mi sueño dorado. Siempre he querido trabajar en casa.
    Me parece un atraso realmente grande el tener que desplazarte a una oficina todos los días a hacer un trabajo que puedes realizar desde tu terraza, tu jardín ó tu cuarto de estar.
    Ahora que llevo ya más de seis meses en paro, cada día intento ver las posibilidades que tengo de hacerlo.
    Es cierto que se trabaja más, porque yo he estado de baja y cuando he hecho una VPN con la oficina, he currado más que nunca, pero para mí el entorno es muy importante y prefiero diez horas en casa a ocho en una oficina.
    Sabia decisión y como digo siempre sobre este tema, es el futuro, se pongan como se pongan los empresarios del siglo pasado. 😀
    Besazo

    • Por supuesto que sí, Dolega: a mí me empujaron las circunstancias no hace aún ni un año, pero estoy más contento que nunca. Y mira que era mi agencia, decorada a mi gusto, donde era el cojefe, donde se trabaja a nuestro ritmo, etcétera, pero como en casa, a tu aire, en ningún sitio.

      He trabajado con gente increíble, en redacciones con 200 personas, pero te aseguro que no lo cambio. Puede influir la edad: ya no necesito cosas que sí precisaba de joven: tener maestros en lo mío, perseguir secretarias, etcétera. Ahora, lo importante es el tiempo de calidad que me queda para los míos, en primera instancia, y para mí mismo, en segunda.

      (Otro) besote.

    • Vamos a ver, cuando eres un aprendiz buscas llevarte bien con quienes más saben de la organización de una empresa: las secretarias. Y si puedes hacer valer tus “armas de jovencito”, pues lo haces ;D Bastantes collejas me llevaba de los redactores jefe, como para no buscar aliados; en este caso, aliadas.

      (Más) besines.

  2. Vamos por partes, para no perderme nada de lo que quiero decir en vez de leer la entrada y luego comentar lo que haré será leer e ir comentando, asi, to de golpe.

    Hablas de un.. espera… “un gran líder mediático, de barbilla pronunciada, calvicie brillante y cierta tendencia al lenguaje soez –pero con irresistible encanto para las mujeres, y, por qué no decirlo, también para los hombres”, no sé quién será, pero reconozco que tras esa descripción se me ha puesto que me ha levantado el teclado hasta la nuez.

    Vale, luego lo de las nuevas generaciones acostumbradas y tal, hablas de atascos, digo yo que si esa generación se queda en casa a currar será un chollo conducir, solo lo haremos cuatro jubilados, apenas habrá atascos ¿no?.

    Luego pues nada, ya has dado varios pros y varios contras al respecto, a mí por ejemplo me podría la vagancia, necesito no trabajar en casa.

    Luego pues eso, que no todas las profesiones son susceptibles de, no me imagino yo a un policía pidiendo a los banqueros, digo a los ladrones, que vayan de una a dos a su casa a ser detenidos, o a los conductores de autobús por ejemplo haciendo la ruta “sala, habitación de los niños, polvera” o a la señora de la limpieza manejando el mocho eléctrico a distancia con un jostick de esos.

    CPero en determinadas circunstancias pues claro, una opción, no para mí, necesito salir de casa, unos horarios, el trato con los compañeros, escapar, al final trazar una línea entre trabajo y casa trabajando en esta es complicado, siempre estaría el “quédate un rato con el niño que voy a por el pan”, no sé, eso si, me la lei entera y por joder te hago un comentario largo :mrgreen:

    • Oh, GLM, cómo has sabido enseguida que elevaba a ti mis halagos. Por cierto, he descubierto hace poco una instantánea tuya de Carnavales: https://alterfines.files.wordpress.com/2012/09/dess-disfrazado-de-popeye.jpg

      Respecto al tema que nos ocupa, dados cómo se está poniendo el sueldo de becario y los niveles de desempleo, sí, creo que conducir tu propio vehículo va a ser pronto una delicia, incluso a las “horas punta”. Ahora en serio: hasta en eso son conscientes los países más avanzados, de que trabajar en casa tiene también ventajas ecológicas. Yo no las he mencionado, primero porque no tenía ya más espacio, y segundo porque de momento son marginales.

      Por supuesto que te puede la pereza estando en tu hogar… el primer día. El segundo te pones las pilas, y el tercero descubres que la principal ventaja de cumplir tu trabajo temprano es que te queda tiempo para hacer el vago todo el resto del día; eso o dedicarte a lo que más quieras. Claro que es necesaria una dosis extra de disciplina, pero te aseguro que acabas encontrándola, aunque sea en el fondo de tu espíritu.

      Y sí, efectivamente, hay profesiones y profesiones: no sé yo si las multinacionales pagarían un pastón a Cristiano Ronaldo por que regatease en el pasillo de su casa, o si Lady Gaga recibiría discos de platino y Grammies por cantar en la ducha. Lo mismo reza para gente más anónima, como todas las profesiones que has mencionado: mi intención no era faltar a nadie, sino que creo que hay otras muchas profesiones (desde arquitectos, a corredores de seguros, pasando por comerciales de todos y cada uno de los sectores habidos y por haber, que sí podrían tener su base de operaciones en casa. Te sorprenderías de cuanto profesional podría estar hablando contigo, y solucionándote un problema, mientras mece el carrito con su bebé en el parque…

      En cuanto a lo de salir de casa, yo lo hago: bajo a comprar el periódico para estirar las piernas, a tomarme un café, a hacer los recados de casa… ¿Unos horarios? Tú te los estableces, y no que otros lo hacen por ti, sin tener en cuenta tus necesidades. El trato con los compañeros no lo pierdes, porque cuando quieres verles de verdad quedas con ellos. Y trazar una línea entre trabajo y casa no es tan complicado como parece: yo he estado trabajando con mi Santa y mi Adolescente favorita en casa (tenían vacaciones y yo no), y no hay mayor problema si todo el mundo es consciente de que tú tienes cosas que hacer que no deben ser interrumpidas, pero que no pasa nada si hay un asunto ‘gordo’ que resolver: ha entrado una mosca por la ventana, y eso ;D

      Tus comentarios nunca son largos, sino aleccionadores, oh GLM. Y no joden; escuecen, pero poco más jjjjjj

      Un abrazo (dominical) ilustre.

      • Bueno, no sé, lo malo de leer simplemente es que no captas los matices, no sé si lo dices en broma o en serio, si es en serio pues no creo que debas preocuparte, no he pensado nunca que Alterfines tenga envidia alguna, no debería tenerla además.

        Ahora, que lo dicho, soy tan cortito que al igual qeu no soy capaz de captarte a tí tampoco a él y en cualquier momento me manda a alguien a cortarme las piernas.

        De cualquier manera gracias.

        • Abre uno su diario por la mañana y ya no sabe lo que se va a encontrar. ¿De dónde puede sacar nadie que yo he hecho tal cosa, o tengo fijación alguna? Me quedo ‘ojiplático’, de verdad.

          En fin: si tomarse la molestia de responder largo a quien te argumenta sus opiniones, aunque ello suponga rebatir las suyas, ahora resulta que constituye mal rollo, pues entonces no entiendo nada.

          En fin, besos sobre el dorso de la mano para las damas y apretón firme de manos para los caballeros.

  3. Hola:
    Bueno, bueno. Está muy bien aclarado. es cierto que el texto es largo pero ameno y rítmico. Engancha.

    Lo explicas muy bien y veo los pros y contras como tú.
    Estoy de acuerdo con Dess, yo soy profesora de infantil y no me imagino, ni quiero imaginar a 30 niños de tres años en mi salón. DE hecho al inicio del verano que acaba de comenzar invité a cinco niños con sus mamás a casa. Esos 5 más el mio, seis, se portaron estupendamente pero luego me pasé una semana reconstruyendo mi casa.
    Yo veo bien, ideal, el término medio. Por ejemplo mi marido. Tiene oficina y tiene la posibilidad de trabajar en casa. Va combinando según sus necesidades. Qué llueve, se queda en casa. Niño malo, en casa, etc.
    Por él si puedo apreciar dichas diferencias y una de ellas para mi, y en su caso, muy grave, es que no sabe cortar y pueden darle las tres de la madrugadora enganchado al ordenador.

    Resumiendo, poder combinar ambas formas es lo ideal. Cumpliendo objetivos la forma de organizarse el trabajo debería favorecer el rendimiento.

    Yo hago comentarios largos no por joder sino porque suelo enrollarme y además está entrada es para mi Latidos.
    Por cierto, puedo nombrarte en mi Lati, porfi………

    Millones de gracias.

    • Por supuesto que puedes hacerlo. Es más, debes, porque la entrada es tuya, que me la pediste, y yo, que me eduqué con los curas, no puedo decirle que no a una dama.

      Respecto a lo que me dices de tu profesión, mira esas películas –ya sé, ya sé, en Hollywood se exagera todo– en las que existen guarderías caseras: con menos niños, pero con un trato más personalizado.

      Y en cuanto a lo de tu marido, entiendo lo que quieres decir: yo también he respondido algún correo electrónico y alguna llamada a horas intempestivas, pero lo hubiera hecho igual trabajando fuera, porque en determinadas profesiones no puedes estar desconectado. Cuando hablo de disciplina, me refiero al 95% del tiempo: siempre hay excepciones…

      Créeme si te digo que, siendo cierto que empecé empujado por los acontecimientos, ahora no me arrepiento ni un ápice.

      Un abrazo.

  4. Pues tampoco se me ha hecho excesivamente largo.
    Y ahora en serio. Con mi tendencia innata a “il dolce far niente” o rascada de bolas que diría el GLM, me temo que no podría trabajar en casa. Por otra parte, pienso: casa sinónimo de oficina ¡qué putada! Espero por mi salud mental y sobretodo la de los míos, que eso no ocurra nunca.
    Un saludo.

    • El matiz ‘excesivamente’ me ha gustado jjjjj Eres un auténtico diplomático, Miguel (un día te cuento, así entre paréntesis, para que no nos oiga nadie, ese chiste que habla de las similitudes entre una verdadera señora y un verdadero diplomático, ¿vale? ;D )

      Todos tenemos esa inclinación natural cuando estamos en casa, porque hemos aprendido que llegar a la misma después de una dura jornada de trabajo, es sinónimo de “se acabó la parte mala del día, y empieza la buena”. Pero aprendes y te pones las pilas. Y en cuanto a diferenciar espacios: es que se trata de un portátil, un teléfono y unas carpetas con papeles en una caja de Leche Pascual… Quiero decir, que lo metes todo en un armarito y se acabó la jornada: a disfrutar del partido de Nadal, o del ‘culebrón’ de turno…

      Te aseguro que se puede. Y yo de momento estoy encantado de la vida. (Otro) saludo.

  5. Buenos días Alterfines, ajajajaja muy buen post me río por culpa de Dess, mira ahora enserio yo siempre he trabajado en casa, haciendo zapatos finos de señora,en la economia sumergida, y sin derecho a nada, además llevaba las niñas al cole…y hacía las tareas de horgar y el tiempo que perdía para esto!! pues luego me tocaba estar hasta la una de la madrugada en la máquina, en fin yo voto por salir fuera, como no lo he conocido nunca
    Un besote

    • Siempre se anhela lo que se desconoce, Gaviota, pero te aseguro que tampoco te has perdido nada del otro mundo: comer fuera de casa es un horror; perder el tiempo en atascos, un muermazo, y estar buena parte de la jornada laboral protegiendo tu culo de los arribistas, los envidiosos, los ‘trepas’ y los ‘pelotas’, tampoco es plato de buen gusto. Sobre todo, si puedes hacer tu tarea en casa y después vivir la vida.

      Y las mujeres habéis sido siempre un magnífico ejemplo de lo que supone trabajar en casa; y como tú dices, de trabajar el doble…

      (Otro) besote (dominical)

  6. Nunca he trabajado en casa, pero supongo que viene a ser un poco como cuando eras estudiante. Sin embargo entonces yo me obligaba a ir a todas las clases, aunque no me interesaran, porque era la única forma de mantener el contacto con la realidad, enterarme de lo que había que enterarse e irme mentalizando poco a poco de la llegada de los exámenes. Ya sé que tú, por tus salidas de trabajo y el avance de la tecnología sigues manteniendo ese contacto. En cualquier caso, aunque en principio me parece muy atractivo el asunto, supongo que necesitas organizarte bien y tener más fuerza de voluntad que si no tienes más pelotas que acudir al lugar de trabajo.

    • Te haces a ello, Macondo. Como enseguida descubres que las ventajas superan con creces a los inconvenientes, le coges el gusto, y tú mismo vas perfeccionando tu sistema de trabajo. Ya digo que yo llevo apenas unos meses; estoy convencido de que dentro de un año seré el ‘puto amo’.

      Y sino, pues con volver a la rutina del fichar y demás, listo.

      Un abrazo.

  7. Iba leyendo e iba pensando en comentar lo necesaria que es la disciplina para trabajar desde casa pensando que no tocabas el tema, y al final lo has sacado claro, porque es fundamental.

    Yo que últimamente considero que trabajo sin cobrar en algo que me gusta mucho, que es escribir, me he visto reflejada en todos los puntos, la disciplina es imprescindible, y el tratar de organizarte un horario aunque sepas que éste es flexible y siempre por suerte puedes variarlo por imprevistos.

    La sensación de estar un poco al margen del mundo real es totalmente cierta, no te relacionas, no sales, y estás un poco como en tu burbuja, es extraño, pero yo le he cogido el gusto, luego salgo a la calle y me siento un poco extraterrestre.

    Yo realmente le veo muchas más ventajas que inconvenientes, en mi caso sólo uno aunque muy gordo, que he nombrado al principio, no veo un puto duro je je, pero currar curro como una cabrona.

    Muchos besos guapo, una entrada muy interesante, como siempre por otra parte.

    • De currar como una cabrona, nada. En todo caso, como una princesa ;D Que cada uno actúa como lo que es.

      Te aseguro que tiene ventajas. A veces tú mismo has de vigilar para no caer en ‘trampas’ (distraerte, estar perezoso, posponer tareas y decir “como tengo tiempo ya lo haré luego, etcétera), pero igual que cuando vas a una oficina tienes también que estar ‘al loro’ con otras cosas.

      Un besote, fermosa.

  8. Con sus cosas malas y buenas, que todo lo tiene, el caso es que no te falte el trabajo. Si trabajando en casa os ahorráis tu socio y tú un dinerito y encima los trabajos van saliendo igual, pues mejor que mejor. Sólo hay que aprender a organizarse… Chao
    Ana

    • Es que hay mucha hipocresía: seguro que hay gente que se mosquearía si supiese que no tenemos una agencia como tal, pero ¿no cumplimos igual? Entonces, ¿qué importa que el trabajo se haga desde un Starbucks?

      Un besote (dominical)

  9. A mi me encantaría estar en casa, abrir el ordenador y coger el teléfono, mientras ojeo el periódico de color salmón (¿el de economía es de ese color?), para decir todos los días durante una horita más o menos:
    -“compra!! sí!! compra….. no,vendeeee!!!, vende!! nooo, compra!!”.

    Bromas a parte, siempre he sido de las que tenía el sueño de trabajar en casa pero se necesita mucha fuerza de voluntad para ser constante, cumplir “tus” horarios y en definitiva trabajar.
    Creo que, viendo la experiencia que estoy teniendo durante este casi año, no podría hacerlo (sobre todo últimamente). Necesito una rutina, unos horarios, salir de casa….. vamos! que necesito un poco de disciplina, sin más.

    Besos

    PD: cuando encuentre trabajo y espero que eso ocurra pronto, me tragaré estas palabras……lo sé…… 🙂

  10. Pues menos mal que no eres barrendero…
    Si bueno, ventajas e inconvenientes pero a nivel social todo son inconvenientes no me refiero a tu vida social, sino al sistema de vida al que todos jugamos. Esto es una cadena de hechos y lo que tu cuentas es romper esa cadena… si no romperla si limarla un poco y mucha gente limando acaba por romperla, de hecho, estamos en ello. Directos al caos! (que bien, que bien)
    Un beso infernal!

    • Es cierto que a mí me han empujado los acontecimientos, y que encima tengo la suerte de poderlo hacer porque no soy maquinista de Renfe, ni profesor de Primaria, pero te aseguro que ahora pienso en la cantidad de tiempo que he perdido, ya digo, haciéndole la pelota al jefe en su despacho (y mientras mirando el reloj para ver si daban las 2h o las 7h), cubriendo el expediente porque mi trabajo estaba hecho, y no quería tener que comerme el marrón de echarle una mano al listillo (y habitualmente insolidario) que lo dejaba todo para el último momento, etcétera.

      ¿Si es una tendencia que marcan los de siempre para aislarnos en nuestras casas y que perdamos el poder que tiene siempre estar juntos? Pudiera ser, pero las redes se han mostrado tan eficaces en cuanto a poder de convocatoria como el cuarto de café de las oficinas…

      Ya sabes que no estoy tan pesimista como tú, y que siempre aprovecho para hacerte llegar besos exorcizados 😉

  11. Yo pensaba que la casa de uno es aquel lugar donde pasas más horas y dicho esto si es así mi casa está en el centro de Barcelona. Con el tiempo me he dado cuenta que no es del todo cierto y he reconocido mi casa como aquella que tiene ese sofá tan cómodo, así que te envidio…

    Que duro es salir del trabajo e irte a dar un paseo por las ramblas, o tomar alguna cervecita cerca de la catedral… nada pues ya quedaremos un día de estos si puedes…

    tapuntas o te apuntas…?

    • No hagas caso, Josep, que el trono es aquel sillón donde se sienta el rey, y no al revés; como decía Sancho Panza cuando se burlaban de él por creerse Gobernador de la Ínsula Barataria…

      El sofá en el que te sientes a disfrutar de una buena película o aquel otro desde el que teclees un correo electrónico de vital importancia para la marcha de tu empresa pueden ser el mismo. Porque está en uno mismo el darle a cada momento la importancia que realmente tiene.

      Me apunto al vermutito ese tan especial que preparan en un bareto (¿Rodrigo?), al lado de la Parroquia de Santa María del Mar…

  12. Joer que buena entrada. Realmente muy interesante porque yo quisiera realizar algo así, engocado a la redacción de textos y demás.

    Personalmemte ahora mismo no estoy en cada na más que 45 horitas a la semana y trabajar desde casa, me parece un Edén. Es algo que me gusta y espero llegar a realizarlo.

    Un saludo.

  13. Después de meter cizaña te comento: no se me ha hecho para nada largo el post, es lo que tiene escribir bien, como nuestro Gran Líder, aunque menos soez que él (entonces pierdes encanto porque somos así de masocas).
    Luego, creo que a mí me gustaría alternar un trabajo en oficina o local común con trabajar desde casa, porque es cierto que a la final dejas de socializar, pero también disfruto mucho conmigo misma y los trabajos solitarios… ahora estoy en pleno proceso de descubrirlo, ya te contaré

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