Diario de vacaciones

buceo_entre_basura_alterfines25 de julio: Nergal me acaba de informar de que hay en marcha una iniciativa colectiva para contarnos unos a otros las pasadas vacaciones. Me pongo a ello.

26 de julio: Maletas. Tema peliagudo en casa. Yo, una bolsita de Alcampo con unas chanclas, un bañador y dos camisetas. Mi Santa y mi Adolescente favorita, sendas maletas, bien cargadas. ¿Con qué? Ahhhhh…

27 de julio: Viaje de 700 kilómetros hasta las playas de Cádiz, con parada intermedia para ver a un cliente en Sevilla.

28 de julio: Mi Adolescente favorita nos informa de que este año quiere ir a la playa a toda costa. Algo del tono de su piel… Pierdo el interés a los 5 minutos.

29 de julio: Domingo de churritos, mañana de asueto y tarde de holganza. Para eso son las vacaciones ¿no?

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Que lo supiera, no lo hace más llevadero

final_vacaciones_alterfinesSe terminan mis vacaciones. Dentro de 48 horas estaré de nuevo en Madrid, metido en la jaula y dando vueltas en la rueda. Se acabó lo bueno. Mañana domingo, 700 kilómetros y de vuelta al redil. Sé que a quienes no tienen trabajo les sonará cruel (por ser políticamente correcto) que quien sí que lo tiene reniegue de él, pero de lo que realmente me quejo es de lo esquiva que me es la fortuna. Los Euromillones, en concreto. ¿No podían haberme caído unos pocos anoche –caramba: había un ‘bote’ de 47 ‘kilos’, y eso da para repartir a base de bien–, en lugar de irle a parar a un luxemburgués, estonio o checo, que seguramente se lo merece mucho menos que un servidor? Pues va a ser que no. Así que mañana, carretera y manta, y a esperar 334 días. Y contando.

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¡A hacer puñetas el tenderete!

¿Es impresión mía o se les está desmontando el chiringuito? A nada que uno lee con un poco de atención los escándalos de las últimas semanas, los más conspicuos representantes de eso que se ha dado en conocer como pilares del Estado andan como los Hermanos Tonetti: al que no le da una tarta en el rostro, se resbala con una piel de plátano o se cae en una alcantarilla sin tapa…

Ojo, que conste que la coyuntura actual no significa nada: en caso de que realmente se acabe viniendo abajo éste, que ya es mucho suponer, volverán a poner en marcha otro montaje, otro decorado de cartón-piedra igual de espectacular y realista, solo que esta vez más firmemente arraigado si cabe –que si hay un paradigma del ciudadano bobo es el español medio–, que a buen seguro llevará también más tiempo y más energías desenmascar.

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