En el pueblo nos gusta el humor ‘grueso’

Tengo más de tres décadas de vida y de experiencias acumuladas que cualquiera de estos gamberretes. Soy padre; bien es cierto que unas veces más responsable que otras. Tengo una empresa, que tampoco va como para echar cohetes –que le pregunten a mi Santa– y cualquiera que me viese por la calle podría fácilmente confundirme con eso tan desagradable que escuchaba a mis mayores, cuando era un ‘monicaco’: una persona de bien. Y aún así, me encantan las bromas de pueblo, como la que perpetran estos ‘pepsicolos’ con un poco de laxante, unos botes de patatas fritas y unas gaviotas hambrientas.

¡Venga, que es fin de semana! Como decía el genial Gila: “Y si no te gusta la broma, te vas del pueblo”. O de la playa…

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Diario de vacaciones

buceo_entre_basura_alterfines25 de julio: Nergal me acaba de informar de que hay en marcha una iniciativa colectiva para contarnos unos a otros las pasadas vacaciones. Me pongo a ello.

26 de julio: Maletas. Tema peliagudo en casa. Yo, una bolsita de Alcampo con unas chanclas, un bañador y dos camisetas. Mi Santa y mi Adolescente favorita, sendas maletas, bien cargadas. ¿Con qué? Ahhhhh…

27 de julio: Viaje de 700 kilómetros hasta las playas de Cádiz, con parada intermedia para ver a un cliente en Sevilla.

28 de julio: Mi Adolescente favorita nos informa de que este año quiere ir a la playa a toda costa. Algo del tono de su piel… Pierdo el interés a los 5 minutos.

29 de julio: Domingo de churritos, mañana de asueto y tarde de holganza. Para eso son las vacaciones ¿no?

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Guarretes, desconsiderados y (llamémosles) mamones

phot_police_alterfinesVaya por delante que no tengo nada en contra de los fumadores; yo mismo lo fui hasta hace unos años. Igual que no lo tengo contra los coleccionistas de sellos, los amantes del ballet clásico o los adventistas del Séptimo Día. Bueno, estos últimos son un poco “palizas”, pero esa es otra historia.

Lo que ocurre es que los amantes de la filatelia no van dejando la playa llena de recortes de los planchas de timbres postales, ni de cajas de tiras adhesivas, de esas que emplean para colocarlos ordenaditos en sus álbumes; los que disfrutan con el uso de las puntas de las zapatillas, los gráciles, fluidos y precisos movimientos de los bailarines, y sus cualidades etéreas, no tratan de que comulgues con su pasión dentro de un ascensor; y los predicadores de la inminente segunda venida de su dios no te aburren en público, pero luego en privado actúan de otro modo. Bueno, esto último igual sí, pero, como decía el doctor House: “Si se pudiese razonar con los fanáticos religiosos… No habría fanáticos religiosos”.

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