Me gusta el género ‘negro’

“Era un tipo tan duro que sudaba resina”. ¿Puede alguien decir que esto no es literatura creativa? ¿Que la “novela negra” no está plagada de símiles y metáforas que se encuentran seguramente entre lo más ingenioso escrito por el ser humano? No digo que se trata de obras trascendentales, de compendios del saber humano; digo, o mejor dicho, escribo que un “Ayer estuve en el club Panam’s. Bebí mucho y hablé demasiado. Averigüe con quién, y soluciónelo”, o un “No me infunden confianza los tipos que sonríen como si les ‘tirasen’ los puntos de la fimosis” valen su precio en oro, porque no hay mortal con medio litro de sangre caliente que se pueda resistir a leer las 258 páginas siguientes, a poder ser de un tirón.

Y que conste que no hace falta ser Raymond Chandler, y crear un personaje como el detective Marlowe, que suelte ‘perlas’ como “Era más bien alta, pero tampoco un poste de telégrafos”. Como muestra, un par de botones: “Con un ‘gracias’ hubiera bastado; pero la concisión no estaba entre sus virtudes, y yo, la verdad, nunca he soportado el exceso de azúcar”, o “Cuesta creer que mi madre, que me pone ahora una tirita sobre la rodilla mientras me canta el ‘cura rana’, haya envenenado a tanta gente. Yo lo sé porque yo la ayudo”.

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