‘Cortos de Fondos’ 132/258

132-alterfinesÉramos una familia modélica, en blanco y negro. Al menos hasta que a mi padre se le puso entre ceja y ceja optar a la distinción solidaria de la diputación provincial, por la adopción de un huérfano africano. Menuda obsesión le entró con aquel asunto: vamos, que no admitía discusión alguna sobre el particular. Yo era aún un chaval al que le empezaba a salir algo más que pelusilla en el bigote, y mi voz no tenía voto. Pero ni los ruegos de mi madre, que apenas se apañaba –y eso que contaba con ayuda– para cuidar de nosotros siete; ni las recomendaciones de mis abuelos paternos, que amenazaron con desheredarle; ni aun los razonados argumentos de sus compañeros de dominó, a los que despreciaba por acomodados, consiguieron hacerle variar un ápice en su empeño.

Y ya se sabe que cuando el tonto coge la linde, o se acaba el tonto o se acaba la linde… A pesar de que no había ni un sólo bebé, ni siquiera un niño pequeño o no tan pequeño ya, o algún adolescente africano para adoptar, en ninguna de las por entonces muy escasas agencias internacionales de adopción, mi padre no quiso presentarse en casa sin nuestro nuevo hermano.

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‘Cortos de Fondos’ 109/258

numero_109_alterfinesEra, como todos los encuentros largamente postergados, una cita cargada de sensaciones variopintas. Se habían conocido en Europa hace la friolera de cinco décadas, cuando él estuvo destinado en Francia, a mediados del siglo pasado. Pero como suele suceder a menudo entre las parejas que no están destinadas a serlo antes, ni la dama había insistido desde entonces, ni él mostró mayor interés desde que regresó a casa.

La distancia, sin duda, es el olvido. Pero también contribuyeron lo suyo el matrimonio con sus novia de toda la vida, que hubo de durar 45 felices años, con tres hijos maravillosos –quienes por cierto estaban ya al corriente del encuentro y aceptaban que ella sucediese a su madre, recién fallecida– y una exitosa carrera profesional, concluida con un no menos dichoso retiro.

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‘Cortos de Fondos’ 79/258

numero_79_alterfines(¡150 palabras, murimar: ni una más, ni una menos!)

Me río de las series científico-policiacas, que retratan a criminales con innumerables muertos a sus espaldas, y de las películas sobre asesinos en serie. ¿Cuál es su mejor marca? ¿Veinticinco, treinta víctimas? Bah, las de mi padre en unos meses.

Cuántas veces no le vi, siendo apenas un chaval, llegar a casa manchado de sangre: las perneras, las mangas, su maletín; ese con el que nos prohibía jugar, para no gastarle las tizas y la cinta adhesiva con las que trabajaba…

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‘Cortos de Fondos’ 74/258

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Recuerdo perfectamente el día en que mi padre cumplió su promesa de llevarme a ver mi primer partido de fútbol en un estadio de verdad. El de mi equipo. Era el día de mi noveno cumpleaños, e iba a hacer realidad el sueño de cualquier chaval: tener a mi delantero centro preferido sólo unos metros de distancia.

Y eso que el tiempo no acompañaba en absoluto, pues el día había amanecido nublado, y a medida que transcurría la jornada el firmamento se iba ennegreciendo poco a poco. Justo en el momento en que ocupamos nuestras localidades, aquellas enormes nubes oscuras comenzaron a descargar; primero de un modo tranquilo, aunque constante, y después, a poco de empezar el encuentro, de manera atroz.

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La lista de la compra

ver_pasar_la_vida_alterfinesDisfrazarme de centurión de las legiones romanas, con penacho rojo incluido; estudiar portugués, por si viajo algún día a Brasil; aprender a cocinar algo más que unos huevos fritos (y mira que soy glotón, caramba); lanzar un martillo de los de atletismo, girando sobre mí mismo dentro de esa jaula; terminar de escribir todos los relatos que tengo guardados en la caja de zapatos o “ennichados” en la pensadera; acabar “Sinué, el Egipcio”, o al menos pasar de la página ventitantos…; volver a repetir con Cristina nuestro viaje de ‘luna de miel’; hacerme el encontradizo con un político, aunque sea local, y explicarle que desprecio a casi todos los de su profesión; correr más que sus guardaespaldas; silbar correctamente una pieza cualquiera de jazz…

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‘Soy tu padre’ y te debo un consejo

La ‘fuerza’ estará contigo siempre… pero por si acaso, no dejes de ir al gimnasio, ni de comer lentejas, que nunca se sabe. Esta, y no otro, es la recomendación que Darth Vader debería haberle hecho a su hijo, de no ser porque nada más encontrarse se liaron a golpes, o para ser más precisos a espadazos. De luz, pero espadazos al fin y a la postre; que un haz de laser de esos te secciona la femoral lo mismo que la mejor navaja cabritera de Albacete. Su ventaja es que, al mismo tiempo, te cauteriza la herida…

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