Impuestos holandeses, administración mexicana

cookies_alterfinesAl que riegue su jardín o llene su piscina, en zonas de sequía prolongada y cortes periódicos en el suministro de agua; a la cafetería o restaurante donde permitan fumar en su interior; a los que arrojen colillas encendidas al campo desde su automóvil o a través de la ventanilla de un tren; al que no cobre el IVA y trabaje “en negro”; a los padres que manipulen o directamente falsifiquen los méritos que permitan matricular a sus hijos en el colegio deseado… La lista de actividades denunciables parece aumentar cada día que abre uno el periódico o escucha la radio mientras se afeita. Y es que, en el colmo del desahogo, nuestros mandamases se han propuesto que nos pasemos el día acusándonos los unos a los otros, mediante campañas en las que se hace recaer descaradamente la responsabilidad de numerosos problemas sociales sobre las espaldas del ciudadano: si no presentas una queja, la desaparición de cientos de hectáreas de arbolado es tuya; no de que los servicios forestales hayan llegado 45 minutos tarde por los recortes administrativos en asuntos vitales, como éste. Ellos, la Administración en general, ni hace dejación de funciones, ni tiene ninguna culpa. Nada. Eso sí, a la hora de la verdad, pagamos impuestos holandeses y lo que recibimos a cambio son servicios mexicanos. Y que no se me ofendan los ciudadanos nacidos allí.

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