Cartelicos aleccionadores XLVI

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el_grito_alterfinesSeguro que algún malpensado habrá colegido ya que al espabilado de Alterfines, con eso de la edad provecta, se le ha debido de pasar por alto encabezar su entrada de hoy. Pues no señor, mira tú por donde; resulta que sí que está titulada…

Que nadie se alarme, o corra a buscar sus gafas contra la presbicia: lo que sucede es que no se me ha ocurrido mejor homenaje a lo rematadamente mal que se está comunicando a los de arriba que no nos representan, que hace tiempo que dejamos de confiar en ellos, que en un momento dado –y esperemos que no muy lejano– vamos a coger el toro por los cuernos y… que sorprender a mis siempre sufridos lectores con algo un tanto singular: el titular invisible. (Y mejor no preguntar en los comentarios qué barbaridad he escrito, pero que no se puede ver, merced a la “magia” del código html: si mi abogado se enterase pediría la jubilación anticipada, no os digo más…).

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Nunca pasa nada (y si pasa, no importa)

A las honduras en las que nos encontramos, ponerme a escribir en este diario –hoy han aprobado los inútiles de la Real Academia Española el empleo del anglicismo ‘blog’– que la gente tiene una empanada mental acojonante, no puede decirse que sea un descubriemiento que vaya a pasar a la historia de la Sociología.

El personal está aborregado/estamos aborregados, y por eso dejamos que nos den los palos que nos dan sin que nadie se despeine, y mucho menos mueva un dedo con el propósito de evitarlo. Visto con la perpectiva de un observador lejano e imparcial, lo cierto es que podría considerarse el gran triunfo de la clase dirigente: conseguir que sus subordinados estén tan tranquilos, pase lo que pase; les alimentemos o les negemos el alimento, e incluso si nos defecamos en su cuenco vacío.

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Cartelicos aleccionadores IX

(Un resumen de los enviados a los amigos y conocidos en los últimos tres años)