Puede que sólo sean palabras

Llevo cerca de tres décadas jugando con mis padres al Scrabble. Un entretenimiento de tablero que pone a prueba el conocimiento del castellano, pues consiste en intenta ganar el mayor número posible de puntos, mediante la construcción de palabras sobre un cuadrado de 15×15 casillas con diferentes puntuaciones. Las palabras, que se pueden formar a partir de siete piezas individuales, cada una con una letra impresa, pueden disponerse en horizontal o vertical, y pueden cruzarse, siempre y cuando aparezcan en el diccionario de la R.A.E.

Un juego de sobremesa que a muchos puede parecer insulso, pero que mis progenitores y yo –mi hermano mayor se nos une siempre que tiene ocasión– hemos convertido desde hace sus buenos 30 años en todo un desafío; no en vano, cerca de 1.600 partidas después seguimos luchando –intelectualmente hablando, claro– por cada punto, por cada ‘triple tanto de palabra’ y por cada definición dudosa. Como el primer día.

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‘Cortos de Fondos’ 72/258

numero_72_alterfinesSabía penetrar como nadie en el reino de las palabras, donde aguardan todas las formas literarias que esperan verse escritas algún día. Las había visto así en muchas ocasiones: quedas, como paralizadas, pero sin desesperación.

De hecho, le envolvía la calma y la frescura de la superficie intacta de los textos, la mansedumbre en las palabras, que solas y mudas reposan en ‘modo diccionario’.

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