Mil palabras, a menudo valen más

No soy fotógrafo; hago fotos, que no es lo mismo. Ni siquiera fotografías, la mayor parte de las veces, sino simples retratos de clientes. Me refiero a que, vale, puede que sea el que mejor sabe manejar las cámaras de la agencia; lo cual no tiene mayor mérito que el haber puesto interés por aprender de los buenos fotógrafos con los que he tenido la suerte de trabajar. Sobre todo, y muy especialmente, de mi propio hermano Carlos.

Lo mismo que he hecho con los diseñadores gráficos o con los buenos periodistas, si hablamos de mi profesión; pero también de los buenos conductores, de los cocineros originales, de los escasos jugadores de mus mejores que un servidor y hasta de los “manitas” más habilidosos: aprender de quienes bordan una actividad, o por lo menos pueden enseñarte a perfeccionar tus habilidades, es la verdadera sal de la vida. Uno tendrá no menos de 30 ó 40 defectos de fabricación, pero desde luego la falta de interés por casi todo no es uno de ellos.

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