‘Cortos de Fondos’ 16/258

Cerró los ojos. Había comprendido, justo a tiempo, que no podía almacenar ni una idea, ni un sólo dato más. Cualquier información, aún acerca de la habitación en la que se encontraba o sobre la ropa que vestía en aquel momento, haría que su cerebro estallase en mil pedazos.

Y cualquier sinapsis podía ser la mecha… Por eso se tapó también los oídos. El mero hecho de pensar en todo ello hacía que le palpitasen las sienes, y el dolor de cabeza comenzó a ser tan insoportable que no tuvo más remedio que adoptar una solución de emergencia: borrar algunos recuerdos, cosas aprendidas que no tuviesen relevancia o ideas inservibles para dejar hueco a otras nuevas.

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