Corre hoy, para poder seguir corriendo mañana

Tengo gratos recuerdos de mi época de jugador de rol con cartas, que hube de abandonar en cuanto mi hija empezó a crecer, y por tanto a exigirme más dedicación. Y más parque con columpios. Cada domingo nos juntábamos mi hermano mayor y yo con algún amigo suyo o mío para aniquilar ejércitos imaginarios y conseguir que, o bien las criaturas infernales no impusiesen su voluntad a la humanidad, o bien que terminasen saliéndose con la suya. En lugar de dedicarnos a asesinar a cuchilladas a desdichados, en paradas nocturnas de autobús –que es lo que entendió del juego de rol la masa adocenada por informativos de televisión como el de Matías Prats–, pasábamos una tarde realmente entretenidos, aunque buena parte del tiempo estuviésemos discutiendo sobre las reglas del juego: renombrábamos en tono de coña a los guerreros, nos hicimos cartas con el rostro de cada uno de nosotros, y hasta teníamos alguna que otra máxima, sobre todo para los ataques fallidos y otras “pifias” del combate, como aquella tan sabia que se aplicaba el que huía por inferioridad de condiciones de “correo hoy, para poder seguir corriendo mañana”.

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Si no quieres que me mofe de ti…

…no tengas creencias tan chistosas. ¿Las religiones monoteistas? Soy de los que están firmemente convencidos de que el mundo sería un lugar mejor si no existieran las creencias religiosas que conminan a despreciar al que no las profesa u obligarle a aceptar sus preceptos aunque sea por la fuerza. El pensador francés Pascal afirmaba que los hombres nunca hacen el mal tanto, y tan despreocupadamente como cuando lo hacen por una creencia basada en la existencia de un dios todopoderoso. Su dios. Porque la religión conlleva precisamente intolerancia, violencia y perpetuación de ideas retrógradas, cuando en realidad parace que “vende” lo contrario: buenos propósitos, moral y comportamiento ético.

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Jamás confíes en una cifra que no hayas manipular tú previamente

Buscando un número ’23’ para mis ‘Cortos de Fondos’ he descubierto en San Google que existen innumerables curiosidades y una larga historia alrededor de este peculiar número primo. Hasta Hollywood se sacó de la manga una película, estrenada hará 3 ó 4 años y protagonizada por el cómico Jim Carrey, que da vida a un hombre que empieza a darse cuenta de que toda su vida gira alrededor de dicho número, obsesionándose cada vez más. Y es que descubre que el libro del número 23 describe su futuro…

Pues bien, de todas las curiosidades leídas acerca de estos guarismos –de verdad que recomiendo buscarlo en la web–, algunas son sorprendentes, como las que relato a continuación, y otra sencillamente me parecen una bobada, como todo aquello que vende la cabalística.

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¿Qué fueron antes, los amigos o el mus?

Como le sucedía a los viejos hidalgos con las siete y media, jugar al mus sólo resulta verdaderamente apasionante si se hace con amigos. Vencer una tras otra a parejas de ejecutivos en un torneo de esos que organiza cierta multinacional francesa del motor resulta tan monótono y previsible como emplear con tu compañera los mejores momentos del sábado por la tarde en una partida de canasta, con otro matrimonio al que conoces desde tiempos inmemoriales, en la que lo de menos son los naipes o el resultado de la timba, y lo de más la hipocresía con la que se despelleja a todo conocido viviente, al amparo de una complicidad a cuatro que dura lo que duran los sandwiches de Rodilla y las Budweiser frías que has llevado a su domicilio

El mus es otra cosa.

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Cuando hay confianza da asco

Cada mañana, durante casi dos años, estuve jugándome el desayuno a los “chinos” con tres compañeros de redacción: al final, echamos cuentas y habíamos pagado cada uno un número asombrosamente parecido de días. Y eso que había mayor cantidad de posibilidades que en el “Piedra, papel, tijeras, lagarto, Spock”…