El dinero, la confianza y la hija de nuestros tíos

idolo_pies_barro_alterfinesQue levante la mano aquel que sospeche que el mundo ha sido un lugar mejor en el que vivir. Vale, vale, todos al mismo tiempo lo que habéis conseguido es que se me volase el peluquín… Que la bajen ahora los que crean que el dinero, desde que se inventó como tal, ha sido el principal culpable de la mayoría de nuestros males, por no decir de todos.

Pues hala, ya estamos como al principio: vosotros ahí, con cara de “y éste, de qué demonios ha escrito hoy”, y yo contando las palabras de esta entradilla, para ver si pongo el ‘leer más–>’, y me lanzó de una vez a escribir del tirón aquello que realmente os iba a contar. Que es…

…que en 1903, un antropólogo estadounidense llamado William Henry Furness III vivió durante varios meses en la isla de Uap, la más occidental de las que componen el archipiélago de las Carolinas, en la Micronesia (Océano Pacífico). A la sazón, se trataba de una colonia alemana (lo fue entre los años 1899 y 1919), cuya población en la época oscilaba entre 5.000 y 6.000 habitantes. ¿Por qué debería perder uno cinco minutos de su valioso tiempo en leer sobre este rincón del mundo? Es más, ¿por qué hacía un rico heredero occidental en tan singular rincón del planeta, en lugar de entretener sus ocios en algún campo de golf? Pues porque en las pequeñas historias y en los matices que parecen insignificantes y sin importancia aparente es donde reside a menudo el verdadero intríngulis de las cosas. El tipo escribió un libro fascinante sobre los hábitos y costumbres de los pobladores de estas islas. En particular, le impresionó el sistema monetario de los isleños, y por eso dio a su libro el curioso título ‘La Isla del Dinero de Piedra’.

¿Y qué es lo asombroso de este sistema dinerario?  Pues que como no había yacimientos de metales en la isla, sus moradores tuvieron que recurrir a la piedra; ésta, debidamente labrada y conformada, venía a ser allí una representación tan auténtica del trabajo humano. A su medio de cambio lo llamaban fei, y consistía en unas ruedas de piedra grandes, gruesas y macizas, que van de un diámetro de 30 centímetros a 3,6 metros, en cuyo centro había un agujero, de distinto tamaño según el diámetro de la rueda, que permitía la inserción de un palo lo suficientemente largo y grueso como para soportar el peso de aquella y facilitar su transporte.

Estas ”monedas” pétreas se hacían de piedra una caliza que se encontraba en otra isla, a unas 400 millas de distancia, que es donde estaban las canteras; una vez labradas, se transportaban a Uap en las canoas y las balsas de algunos osados navegantes nativos. Pero siendo singular este medio de pago, tal vez su característica más notable es que no tenía por qué hallarse necesariamente en poder de su propietario. Cuando se realizaba una operación cuyo precio implicaría tener que mover una cantidad excesiva de fei, el nuevo dueño de este pesado dinero se contentaba con la mera declaración formal de cesión y, sin molestarse siquiera en marcar las monedas para demostrar su posesión, permanecían donde las guardase su antiguo propietario.

De hecho, el antropólogo relata que uno de los lugareños, llamado Fatumak, le aseguró que en la aldea vecina residía una familia cuya riqueza indiscutible no había sido vista ni tocada por nadie; ojo, ni siquiera por la familia en cuestión. Consistía en un fei enorme, cuyo tamaño se sabía sólo por tradición, ya que llevaba más de cien años en el fondo del mar. Es decir, que uno de sus antepasados, durante una expedición en busca de fei, había dado con esa piedra, de tamaño notable y un valor incalculable. Por lo visto, embarcada en una balsa para remolcarla hasta la isla, una fuerte tormenta obligó a los expedicionarios, para poder salvar la vida, a deshacerse de la piedra, que se hundió en aguas del Pacífico. Cuando llegaron a la aldea, todos atestiguaron que el fei era de proporciones magnificas y de calidad extraordinaria, por lo que admitieron de buena fe que el naufragio carecía de importancia, y que unos cientos de pies de profundidad no perjudicaban al valor de la pieza, que ya había sido tallada en la forma tradicional.

Y es que en Uap no había vehículos de ruedas, ni caminos para carro alguno; si bien siempre han existido vías de comunicación claramente delineadas entre poblados. Cuando el gobierno alemán asumió la soberanía sobre las islas Carolinas, compradas precisamente a España en 1898, muchos de estos senderos se hallaban en muy malas condiciones. Por lo que los jefes de distrito recibieron notificación de que debían repararlos; pero como eran lo suficientemente buenos para los pies de los nativos, éstos nunca se ponían a ello. Así que a las autoridades alemanas se les ocurrió marcar con una cruz de pintura negra cierto número de los fei más valiosos, demostrando así que éstos quedaban embargados hasta nueva orden. La medida funcionó; vaya si funcionó: los nativos, desposeídos de sus más preciados bienes, se pusieron a reparar los caminos de punta a punta de la isla. Entonces, las autoridades germanas borraron las cruces. Dicho y hecho, la multa quedaba saldada, y los felices nativos recobraron la posesión de su capital y su prístina riqueza…

Antes de sonreír  y de ponernos a criticar con demasiada severidad a los ingenuos aborígenes de Yap, merecería la pena que reflexionásemos sobre la situación en la que nos encontramos por culpa del dinero, en la escasa confianza que generamos a los inversores internacionales, y en el sobreprecio que hemos de pagar por ello. Ese que tiene nombre de familiar lejano.

 

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34 pensamientos en “El dinero, la confianza y la hija de nuestros tíos

  1. Muy interesante peeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeero…. uy, no hay peros, bueno si uno: El dinero es el gran culpable junto con la religión! Y yo que pensaba que las cabezas esas era de índole divino o algo así (claro que es casi lo mismo)
    Besos infernales al canto!

    • No, Nieves, nada tiene que ver la imagen que he puesto, de la Isla de Pascua, con la descrita. Están situadas cada una a un extremo del Pacífico.

      Y sí, las religiones son el otro gran culpable. O como dices tú, el mismo culpable, porque ¿no es el dinero el dios al que adoran en el fondo los gurús de cualquier religión?

      (Más) besos ‘purtuá’

  2. Muy interesante, tanto la historia como la reflexión que planteas sobre el dinero. Yo sólo quiero apuntar que las sonrisas más sinceras y las caras de felicidad más auténticas las suelo ver entre personas que no tienen ni un duro… y los rostros más amargados… bueno sólo hay que poner un poco la tele…
    ¡Un abrazo!

    • Tienes parte de razón, aunque basta con darse un paseo por un campo de golf, un miércoles laborable (para los simples mortales) a las 12h de la mañana, para ver gente sin demasiado estrés y cuya única preocupación es meter una bolita blanca en un hoyo…

      (Otro) abrazo.

  3. Debíamos estar muy desesperados para vender un sitio así a Alemania. Podíamos haber llenado las islas de hoteles y pagarles con pedruscos, que seguro que lo habrá hecho algún anglosajón espabilado, para mandar allí al IMSERSO

    • La crisis del 98, hermano: había que sacar pasta de donde pudiésemos, ya que de todas formas nos echaban a patadas (eso sí, con la ayuda de los EEUU…): 15 millones de dólares por las Carolinas (menos Guam, que se la vendimos a los yankees, junto con Filipinas y Puerto Rico, por 20 millones de dólares).

      Un abrazo.

    • No, si a mí lo que me ha llamado la atención es la confianza de esta gente: qué vida más placentera la de los nativos estos, que confían en la buena fe de sus convecinos… Qué envidia sana, ¿no?

      (Otro) beso.

  4. Supongo que los habitantes de Uap habrán encontrado otra expresión para el concepto “dinero de bolsillo” 🙂
    Ahora en serio, tal vez el quid de la cuestión no sea el dinero en sí mismo, sino permitir que alguien pueda acumular una ingente cantidad de él mientras otros no tienen nada. Es el egoísmo el verdadero problema, no el dinero, que no deja de ser un símbolo completamente arbitrario.
    Artículo interesante donde los haya. Felicidades, Alter.

    • Bueno, piensa en aquello que escribió algún sabio (cuyo nombre no recuerdo): si se hubiese ajusticiado públicamente al primer hombre que cercó un terreno y puso un cartel anunciando que era suyo, la humanidad se hubiese ahorrado mucho problemas posteriores…

      Me alegra que te gustase: es lo que tiene el dinero jjjjj que siempre llama la atención. Un abrazo

  5. Los antiguos espartanos precisamente usaban el sistema de dinero pesado, el dinero pesaba tanto que resultaba incómodo acapararlo, no podías guardarlo, ni trasladarlo, en cantidades grandes, era una de sus aportaciones más olvidadas 😀

    • Pero los que sí tenían pensado acapararlo en grandes cantidades (los judíos, supongo ;D ) no iban a cambiar sus planes por un motivo tan nímio; así que dieron con la fórmula para hacerlo: pagarés, bancos, etcétera, y el sistema capitalista comenzó a desmadrarse jjj

  6. La historia es muy curiosa. Me parece que este pueblo no habia llegado todavía a cuantificar el valor del dinero, pero si comenzaba a jerarquizar a las personas, dependiendo de lo grande que fuera su moneda, no tardarán mucho, en iniciar guerras. ¡… A lo mejor les enseñan los Alemanes…¡, supongo que hay que perdonar, pero no olvidar, ¡ esto es muy de mujeres¡, como muy bien sabes… ¿NOo?, pues te lo digo yo, que si.
    La historia es muy bonita, que es lo importante, ya me gustaría a mi vivir como ellos.
    Un abrazo fuerte.

  7. Alli la verdax era una cuestion real de verdad… como de honor… ynadie los corrompió?
    Y hacer un paralelismo con nuestra sociedad… xemasiado ingenuo no? y no hablo de los aborigenes
    PD Nunca habia vista una cabeza de la Isla de Pascua excavada! que interesante

  8. Conocía la historia del dinero pétreo, en otros lugares guardan un tipo de concha, pero su valor no está “basado” en una equivalencia, el valor lo tiene en sí mismo, como en su momento el oro pero este al fin y al cabo servía para algo. No, no les entiendo pero admiro su ecuanimidad y tu artículo y a su autor.

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