Tiendas de barrio: una especie en vías de extinción

comercio_cerrado_alterfinesEl interior del escaparate está vacío y el suelo polvoriento; en su fachada, un gran cartel de ‘Se Vende’ anuncia al recién llegado al barrio que otro negocio ha caído con la crisis. Y van… Con la peculiaridad de que éste, en concreto, había abierto sus puertas en otoño del pasado año.

A pesar de que es más que evidente que no tiene nada que ofrecerme como consumidor, permanezco de pie, mirándolo, mientras se me pasan un par de semáforos con el logotipo del muñeco que camina en verde. Puede ser porque acabo de hacerme una porrada de kilómetros con el piloto automático, o por el aplastante calor que asola estos días los atardeceres de la capital, pero me sorprendo a mí mismo, casi sólo en toda la acera de una gran avenida, observando los restos de un naufragio: algunos objetos que, por descuido o desidia, han quedado abandonados en el local, el día que su propietario recogió los bártulos, se tragó su aún bisoño orgullo emprendedor y partió cabizbajo hacia su casa o hacia la oficina del Inem más cercana.

Allí seguían, digo, un cartel medio despegado, un trapo de limpiar el polvo, un estuche vacío de plástico transparente, un rotulador verde, y un pequeño bloc con publicidad de una marca también desaparecida –qué ironía– en la cubierta. Mientras me encamino hacia casa, trato de imaginarme a su propietario trazando en él su plan de negocio; ese que te dicen todas las escuelas de ídem que es imprescindible antes de arrostrar cualquier empresa, por pequeña que sea: cómo se llamará la tienda, si se necesitará contratar a alguien para ayudar a atender al público, de qué proveedores echar mano y de cuales otros huir como de un cielo nublado, cómo abordar la siempre complicada negociación con el propietario del local, el cuadro de amortización del préstamo personal que le negó el banco o la caja de ahorros de turno, y hubo de salir del bolsillo de familiares y amigos…

Y, por fin, la hoja en la que arranca la contabilidad de su negocio. Números apuntados cuidadosamente a mano, el debe y el haber, y esa columna roja que va creciendo y creciendo… Hasta que al rotulador se le gastó la tinta. Un drama, que por desgracia se está repitiendo últimamente en nuestras calles con demasiada frecuencia. Macondo hablaba estos días de sus peluqueros de toda la vida. La desgracia es que ya no van quedando comerciantes “de toda la vida”, porque la recesión se los está llevando a todos por delante; y lo que es peor, a ellos y a los que podrían serlo, pero no tienen tiempo de saber si su concepto de tienda tenía o no futuro.

Lo que puedo imaginarme, porque soy empresario por cuenta propia, es lo que sintió ese emprendedor, mujer u hombre, cuando metió los últimos enseres de su negocio en una caja de cartón, apagó los fluorescentes y salió por la puerta, dejando su preciado cuaderno atrás. Y es que detrás de cada negocio que fracasa hay tanto esfuerzo, ilusión y tiempo perdido… Decidme que estoy paranoico por el calor y por la vuelta, pero ¿no es una realidad que todos podemos comprobar al pasear por las calles de nuestra ciudad?

Y eso que lo que vemos es sólo el comercio, porque la “muerte” de los autónomos es mucho más silenciosa. Acaban muriéndose de asfixia financiera, aunque los virus o bacterias causantes de su enfermedad sean otros. Porque los tres rescates que llevamos a nuestras puñeteras entidades financieras no van precisamente a facilitar que el dinero fluya hacia el tejido productivo o a incrementar el consumo; antes al contrario, lo han dedicado a tapar agujeros inconfesables, a pagar jubilaciones “de oro” a sus consejeros y directivos más inútiles y a protegerse de los riesgos adquiridos por obrar de modo inconsciente. Por eso no les queda para prestarle ni al tato. Habrá que comprar más cajas de cartón.

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29 pensamientos en “Tiendas de barrio: una especie en vías de extinción

    • Es cierto. Y también lo es que cada vez más la gente pone una tienda “con lo puesto”, sin darse cuenta de que hace falta un llamémosle ‘colchón’ financiero para hacer frente a los primeros tiempos, en los que la caja registradora se abre más para sacar (impuestos, pago a proveedores, etcétera) que para mater; al menos hasta que no haces clientela.

      (Lamentable error informático/humano, convenientemente subsanado).

      Un abrazo.

      • Está claro que es necesario el colchón.
        Están también los que juegan a montarse un bar de copas, idealizando el negocio y no cayendo en la cuenta lo sacrificado que es llevar la vida al revés que los demás.
        Tampoco es tan lamentable el error. Al fin y al cabo de peluquerías iba la cosa. Parece que me he viciado con el tema.
        Un abrazo.

  1. Que bonita y realista entrada. Cada día más, se ve la decadencia de un modelo de negocio que no ha sabido adaptarse a los tiempos.
    El comercio de barrio es una figura que tiene que reciclarse y en este contexto económico lo tiene realmente difícil.
    Y que razón tienes. El dinero siempre va a tapar los mismos agujeros.
    Cuando se cierra un negocio, también se cierran ilusiones y planes. Se rompen esperanzas.
    Besazo

    • Está claro que al pequeño comercio le ha sorprendido un problema coyuntural (la puñetera recesión, con lo que ello conlleva para el consumo privado) con uno estructural, que arrastraba de tiempo atrás, y al que no prestaba atención porque en este país, hace cinco años, se ataban los perros con longaniza… Dos problemas así son la debacle para un sector, y en esas estamos. Veremos por dónde salen los tiros.

      (Otro) besazo.

  2. Cuanta añoranza y tristeza en tus palabras, Alter. Tristeza que comparto contigo al ver la cantidad de tiendas cerradas, u ofreciendo sus últimos artículos a precios irrisorios para salvarlos de la quema. Después el vacío queda en nuestras fachadas y en nuestros corazones.
    Un abrazo

    • Qué cierto: ver fracasar (si es que acaso es justo emplear este verbo) a alguien que, como dice Macondo, ha formado parte del paisaje de tu calle desde tiempos que casi ni recuerdas, es una tristeza.

      (Otro) abrazo.

  3. Lo de “adaptarse a los nuevos tiempos” es una expresión que comienza a dar miedo, un poco como lo de “apretarse el cinturón”, esa metáfora tan querida por los de arriba. ¿Deberemos adaptarnos, los que estamos al inicio de la cadena trófica, a vivir del aire? Ufff… tengo la impresión de que algunos piensan que sí.

  4. Lo veo, lo veo a diario y miedo me da lo que esta por llegar… Estamos en la mas absoluta ruina y estaremos peor… No me apetece ni hablar del tema… Miedo me da.
    un besazo poseso!

    • Es que sólo piensan en los recortes en cosas fundamentales (como se ha demostrado tristemente este año, con los recursos contra los incendios…) y en los puñeteros bancos. Pero ¿sabes, qué, Nieves? Seguro que si convocasen elecciones ahora mismo, volverían a salir (me refiero al PPSOE). Creo que sobran los borregos…

      (Otro) besazo (concienciado)

  5. Es evidente, que los modelos de negocio que hasta ahora conocíamos han fracasado, nadie ha propuesto cual es la solución para la creación de empleo, ya que como tú muy bien dices estamos tapando volcanes negros, con dinero prestado de otros gobiernos, que nos costará devolver. Por lo tanto, no hay reservas federales, que soporten este desatino gubernamental.
    Yo tiro una lanza a nuestro favor, por cada uno de nosotros, que añoramos, esa tienda de barrio en la que doña Paquita nos regalaba los chicles. Espero contribuir a poner mi granito de arena, para levantar este pais, cuando nos dejen, por supuesto y en cuanto tenga ocasión. La foto de esta entrada, está para restaurar los muebles de época.

    • Pero si poner una tienda o un negocio de restauración, o lo que sea no es mala idea. Al contrario, viendo el futuro que nos espera.

      Pero siempre se ha dicho que ese carácter nuestro latino, muy poco amigo de encontrar sinergias si pasan por asociarse con competidores –cosa que los anglosajones tienen perfectamente clara–, es parte del problema. Me refiero a buenas cooperativas y uniones de comerciantes de un sector concreto. ¿Que a El Corte Inglés le sale cada nevera que le compra a Fagor a 200 euros, sólo porque le compra 10.000 todos los años? Pues si se unieran cientos, incluso miles de pequeñas tiendas de electrodomésticos independientes podrían comprarle juntas a Fagor, no 10.000, sino a lo mejor 100.000 anuales, y entonces obviamente obtendrían mejor precio que Media Market, El Corte Inglés y compañía.

      Pero vamos, que a lo mejor es una utopía que dos tipos que tienen sus tiendas con tres ‘manzanas’ de separación, y llevan odiándose toda la vida, se unan para eso.

      Un abrazo, y gracias por tu opinión.

  6. Al parecer las economías en cada extremo del Océano Atlántico no son tan disímiles como pensaba. Prueba fehaciente la componen los miles de negocios y “changarros” (palabra de por acá que viene a ser casi lo mismo que “locales comerciales”) que terminan desapareciendo, cortesía de las instituciones que colocan tantos obstáculos como pueden. Eso sí, ellos, las vilezas de las crisis, no las sufren.

    Saludos y expresiones de aprecio 🙂

  7. Es una pena, la verdad es que sí y los negocios de toda la vida van desapareciendo, pero los autónomos, por desgracia han sido los últimos siempre, no sólo ahora con la crisis. Yo fui autónoma y si te ponías mala hasta que no pasaban quince días de baja no recibías prestación y dime tu como tienes un negocio cerrado quince días, y si se iba al traste, ni paro ni nada, asi que es normal que cierren antes de arruinarse, pero es una pena ver todos los locales cerrados. Besos
    Ana

  8. NI siquiera voy a leer los comentarios.. me crearian ansiedad. Cada vez que vuelvo al barrio en el que he vivido la mayor parte del tiempo en Madrid en mi estancia española tiene más “se vende” o “se alquila”… pero como mi chico y yo estamos en ese proceso de ilusión de montar un negocio y ser “emprendedores”, ya bastante tengo con lo que veo en la tele para ponerme nerviosa… y ,e influye y me desanima por momentos, pero no quiero que me invada permanentemente

  9. Creo que no es tanto el no saber adaptarse, con el no tener sitio.
    En nuestro mundo de hoy no es posible ser agricultor (sí un mastodonte) ser pescador (sin ser ARMADOR, con letras y barco muy grande), ser peluquero (bueno yo sí que me llamo Luis y tengo medio trabajo hecho), ser carnicero (destroza piezas en ahoramenos tampoco es fácil), ser lo que quieras pero bueno y pequeño.
    La calidad no interesa (los mierdiproductos chinos lo demuestran)
    y pequeño?.
    De prejubilado del Santander paso a restaurador de cualquier franquicia a ritmo de contrato basura. Si tu quieres vender buenas hamburguesas, vas a vender las de clavijo nano (con contadas y todavía hoy esperanzadoras excepciones)
    Pero ya conoces mi opinión: disponible

  10. Bonito homenaje al comercio, verdadera columna vertebral de la sociedad, yo soy muy de pequeño comercio, de comprar, de dejarme asesorar, de la charla, de saludar a sus niños que están ahí en la tienda porque no hay cole ese día.

    Es más, en agosto, cuando muchos cierran por vacaciones me siento desnudo, porque el chorizo pamplona que me gusta es el de la charcutería de debajo de mi casa, lo habrá en otros sítios, pero no los conozco, desde luego en el super no.

    Genial entrada jefe.

    • Es que te vas unos días, y cuando vuelves ya no existe ni tu quiosquero de siempre, leñe. A ver quien me va a decir ahora todo lo que sucede en mi calle…

      Un abrazo, ilustre. Se te echaba en falta, que lo sepas.

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