No hace falta ser Batman…

El domingo por la noche estuvimos viendo la última de Batman. A partir de este punto, no hace falta que abandonen la lectura quienes deseen verla, sin que les “destripe” nada en absoluto; nada, me refiero, que no hayan visto en cientos y cientos de películas de acción anteriores, en las que un malo malísimo, de esos canallas y facinerosos hasta más no poder, se dedique a poner en peligro el mundo con sus enormes habilidades y su tremenda superioridad sobre el héroe de turno. Habilidades y superioridad que le duran exactamente dos tercios de película; ni un minuto más. Porque a partir de aquello que los teóricos denominan planteamiento y nudo, es decir, en el momento mismo en el que comienza el desenlace, el temido rufián todopoderoso se convierte en el más estúpido de los malvados, cometiendo no pocos de los errores de bulto que recoge el manual “Todo Aquello que un Gran Señor del Mal ha de Evitar en su Objetivo de Conquistar el Mundo”. Que digo yo que todo rufián que se precie, no sólo  debería tener como libro de cabecera, sino manejar al dedillo. Pero si hasta los que hemos participado en juegos de rol nos lo hemos tenido que leer alguna vez…

Pues resulta que no. Vamos, que en Hollywood no te examinan para llegar a ser un malvado siniestro en condiciones. Ea, que vale cualquiera. De otro modo no se entiende el que, en vez de liquidar a Batman, una vez que le ha roto –sí, sí, roto– la espalda, le permita permanecer cautivo anónimamente en una celda olvidada de sus calabozos. De donde naturalmente se puede escapar: vaya arquitectos reguleros que se buscan los señores del mal. Pero hombre de dios, cuando se captura a un adversario, y éste te dice “Antes de matarme, explícame de qué va esta movida tuya”, hay que decirle que no, y quitarle de en medio acto seguido. Bien pensado, casi es mejor matarle, y después decirle que no. Uno no se regodea de sus enemigos capturados antes de liquidarles. No señor. Mal. Caca.

Pero claro, ¿qué se puede esperar de un rufián que se deja llevar por la ira, matando al mensajero que le trae malas noticias, sólo para demostrar lo taimado que es? Con lo difícil que es encontrar buenos mensajeros… Si que su propio plan para hacerse con el control del mundo es irrisorio: no importa lo bien que puedan llegar a funcionar, todos sabemos que jamás debe de confiarse en aparato alguno, que sea completamente indestructible salvo por un pequeño y virtualmente inaccesible punto débil. Y menos aún guardarlo en un camión de la basura. Claro que para eso, al bueno de la película le explica su ingeniero constructor de artilugios de destrucción masiva dónde los guarda, asegurándole que están perfectamente a salvo; escondrijo en cuestión que es asaltado a los cinco minutos por dos docenas de sicarios del malo. Qué tío chapuzas: bueno como ingeniero, malo jugando al escondite.

Para rematar la jugada, el malo malísimo, que actúa con muy poca precaución debido a su aparente enorme superioridad, emplea dicho artefacto con un reloj digital de cuenta atrás. Lo de siempre… Pero vamos a ver, señores del mal, malvados de todo tipo y condición, ¿qué dice el manual? Pues si tal artilugio es absolutamente inevitable, ¡puñetas: que se active cuando el contador marque 1:17, y el héroe aún esté poniendo su plan en marcha! Vamos, digo yo. Pues nada, él a lo suyo: a prorrumpir en risas maníacas, a buscar el combate singular con un Batman redivivo, y lo que es más triste, a pesar de disponer de un arma –y en lugar de emplearla lo antes posible–, hala, a mostrar ‘fair-play’ y a pelear a puñetazo limpio. Si es que no me aprenden.

Anda que si fuera yo, me iba a sorprender el ‘hombre murciélago’ éste. Sí, sí. Lo primero es que nunca diré aquello de “!Soy invencible!” –después de lo cual, la muerte suele ser instantánea–. En lugar de eso actuaré con cautela: si una pareja atractiva se entromete en mis planes, seguiré atentamente sus actividades. Si son felices y afectuosos, les ignoraré; pero si las circunstancias les fuerzan a luchar juntos contra su voluntad, y se pasan el rato discutiendo y criticándose mutuamente, excepto durante las ocasiones intermitentes en que uno salva la vida del otro, en cuyo momento hay indicios de tensión sexual, ordenaré de inmediato su ejecución. Y fin de la historia.

Pero además, para asegurarme de que me cargo el mundo, o lo conquisto, o lo que sea, emplearé como poco dos mega-armas iguales, escondidas en sitios diferentes, y sin ese odioso dispositivo de anulación que tan felices hace a los espectadores. Aunque ya puestos, siempre me queda hablar en la última escena con el héroe, para, en lugar de insultarle, explicarle que su enorme perseverancia me ha permitido darme cuenta de la futilidad de mi abyecto proceder, y que convencerle de que si me permite emplear unos meses para relajarme y ser mejor persona, es muy probable que vuelva a la senda del bien. Los héroes son increíblemente ingenuos en este aspecto. Aunque ya veréis cómo se pone La Masa cuando se entere de que le han rebajado un 5% su sueldo de superhéroe, y que encima le han suprimido una paga extra…

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21 pensamientos en “No hace falta ser Batman…

  1. Je je, no hay peligro de destripe, no veo yo una de estas películas ni que me aten al sillón y me pongan palillos en los párpados, aunque siempre hay alguno que me pilla con la guardia baja y me la enchufa a traición, pero con quedarme dormida lo tengo resuelto.
    Es cierto que en Jolivú los malos malísimos son tontos tontísimos, y nunca he comprendido esa manía del malo o del bueno, da igual, de tener a tiro al oponente, y venga a cascar y a decir profundidades ¿que me estás contando? mátalo coño, que aún se te escapa, y sí, inevitablemente se escapa, o cuando le dan el primer golpe al psicópata que lleva persiguiéndote toda la película, y lo dejan ahí y suspiran aliviados pensando que todo ha terminado y dando al otro la oportunidad de reponerse y contratacar. No! Después del primer golpe ya no se para hasta estar completamente seguro de que al malo no le queda un hálito de vida, si es que aún les tendremos que enseñar

    • A ver, Inma, que al final resultan entretenidas: muchas veces vas al cine a evadirte y a no pensar en exceso, y para eso ésta, como tantas otras, vale. Pero después de haber visto a tanto malo, uno no puede dejar de pensar en que algunas cosas ya podían haber evolucionado un poquitín. Aunque sólo fuera para ponerle las cosas más difíciles al bueno de turno.

      Y luego estamos los que el 50% de las veces vamos directamente con el malo, porque el bueno es un meapilas 😉

  2. Así que rolero tu eh? jejejeje
    Siempre digo que hay que ser lelo para tener al enemigo delante y no volarle la tapa de los sesos, pero que le vamos a hacer? yo la veré, no me queda otra… cuando la pasen por la tele. Saludos y muy divertida tu disertación!!!!!!!

    • Sí, creo que menos alistarme a la Legión Extranjera, he hecho cosas que irán llenando de contenido interesante este ‘blog’, ejem, ejem.

      No te preocupes: como le he dicho a Inma, la película tampoco es un truño; ya verás como a Dessjuest no le pasa desapercibida Cat Woman, con ese traje de cuero negro ceñido y esas botas de taconazos, tan apropiadas para ir por ahí escalando paredes y luchando con enemigos 😀

      • yo lo que veo es que Otro (sutileza para no decir Alter) se la pasa diciendo cosas fuertotas y echándole la culpa a Dess… como Otra (sutileza para no decir… ah no… esta vez me mantendré AnónimA) que dic “si yo fuera Dess diría” y suelta el marron. Ah no, ya no hay respeto, no lo hay…

  3. Y lo que ningún malo malísimo vió en su vida fué “¿Teléfono rojo? Volamos a Moscú”. Yo, si fuera malo, malísimo, y además no tuviera miedo a la muerte, construiría la bomba de Torio-Cobalto-G, amenazaría al mundo entero con ella, que me dan el mundo en bandeja, bien, ¿que no? todos a hacer puñetas.

    • Sobre todo si eres uno de los elegidos para llevar a cabo la –desinteresada y patriótica– repoblación que propone el Dr Strangelove, conviviendo en los refugios subterráneos con 10 chavalas espectaculares para reproducirte a todas horas…

      (verás qué rápido aparece por aquí Dess: tiene una alerta en Google para las exprersiones “chavala espectacular” y “reproducirse a todas horas”) jjj

      • Jajajaja creo que no tendría los requisitos genéticos para que los ordenadores me dejaran pasar. Para empezar ni soy rubio ni de ojos azules, mucho menos alto, y teniendo en cuenta los cánones que al doctor deben de parecerle ideales pues…

  4. Si es que el comic llevado ala pantalla pierde todo su sentido, porque claro hay que hacer historias autoterminables y así no se puede.
    Ahora, las pelis de malvados idiotas y buenazos lentos me ponen de los nervios y me da por empezar a criticar y hasta que me echan del cine ó de casa…
    Besazo

  5. yo soy mala, malísima, para compañía en este tipo de películas. A mi chico lo dejo ir con sus amiguetes o novias con este tipo de gustos (que yo sé que serán pasajeras, porque a él le van las raras). Como Nieves, la veré si la dan en la tele, no tengo nada qué hace y sirve de excusa para arreconchumarme en el sofá con mi principito a comer “canchita” (pop corn) y demás cosas buenas de ver la tele con el nene.

    • Cierto: la mejor sala de proyecciones del mundo: el sofá de casa, un buen cuenco de palomitas (así las llamamos por aquí) y la televisión: paras, si tienes que visitar el servicio, o si te apetecen también unos pistachos. Y hasta puedes repetir alguna escena, porque no te quedaba claro el nombre del tipo.

      Un abrazo.

  6. Cierto Marga, dice las cosas en mi boca, como si a mi me interesaran las posaderas femeninas y esos turgentes pechos apretados por el latex, con esas piernas y ese latiguillo ahi “has sido malo ven que te azote…” mientras emula a la pilingui que buscaba a Jacks y se abre la cremallera enseñando hucha.

    No hombre no, uno no repara en esas cosas, si veo pelis porno es por la calidad de los encuadres de las cámaras, capaces de acercarte a cualquier rincón, pero no me interesa el cine solo por las mujeres.

    Sobre la historia que cuentas nada que objetar, los malos son malos y gilipollas, salvo excepciones muy puntuales.

    • Nunca defraudas, cuando se trata de hablar de curvas, jefe.

      ¿Recuerdas los malos de ‘The Wire’? Tanto los amos de la droga, como los griegos aquellos de los astilleros, eran de lo peor, pero astutos a más no poder: como en la realidad, puñeta. Que lo de que el delincuente va siempre un paso por delante de la ‘pasma’ no se inventó en vano…

      • Es que esa serie ya vale como ejemplo de todo lo contrario a lo que significa tópico, a ver dónde vas a ver tú un Omar que no sea ahí.

        Otro malo que distaba mucho de ser gilipollas era Keyser Soze, y mira que el tipo daba explicaciones 😀

  7. Y es que los guionistas de Hollywood no están por la labor. Aquí viene una lista de mis villanos favoritos de todos los tiempos:
    El Chacal interpretado por Edward Fox en la película homónima de Fred Zinnemann.
    Jean Baptiste Grenouille, el protagonista de “El Perfume”.
    El Dr. Hannibal Lecter, que no necesita presentación.
    Y, cómo no, Falconetti, el villanísimo interpretado por William Smith en “Hombre rico, hombre pobre”. Ya no hay villanos como los de antes.

    • Con tu permiso, Jorge, aumento la lista.

      En la reciente ‘No habrá paz para los malvados’, Urbizu y sus guionistas se lo pusieron en bandeja a Coronado, que sin hacer una gran interpretación (ciñéndose a lo escrito, y poco más) nos muestra un malo a su manera.

      ¿Y Gary Oldman en el ‘Drácula’ de Coppola? Genial, a mi parecer.

      Tres más: Robert Mitchum en ‘La Noche del Cazador’, Jack Nicholson en ‘El Resplandor’ y Javier Bardem en ‘No es País para Viejos’.

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