‘Cortos de Fondos’ 67/258

Se abrazaron y comenzaron a besarse con furia, apoyado en el quicio de la puerta. Por fin, él consiguió atinar con la cerradura y abrir la puerta. A trompicones, ambos atravesaron la casa hasta el dormitorio, abalanzándose sobre la cama. Entonces, ella estiró la mano hasta el cajón de la mesilla de noche, del que extrajo un par de calcetines que le fue poniendo lenta, sensualmente. Él, sin dejar de besarla en ningún momento, ya le había puesto unas preciosas braguitas de seda y estaba procediendo a subirle los ‘panties’, acariciando con verdadera pasión cada centímetro de sus larguísimas piernas.

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‘Speaking in silver’

El periodista de deportes que escribe en su diario que tal o cual delantero ha conseguido un ‘hat trick’, en lugar de un triplete de goles, es un destalentado. El empresario que señala en una entrevista que el producto que fabrica va dirigido a un ‘target’ determinado, en lugar de una clientela concreta, es un pretencioso. La redactora que le pone en el guión, a su locutora, que tal o cual tema se convirtió el día anterior en ‘trending topic’ de Twitter, ni debería de haber conseguido el título universitario, ni mucho menos trabajar en una emisora de radio medianamente seria. Y el político que repite el palabro “deslocalización”, en vez de emplear la marcha o el desarraigo, para referirse a la tendencia de las empresas de irse a producir al Tercer Mundo, quiere parecer enterado de la situación, pero era el hazmerreír de sus profesores de Lengua.

“Hacer click en”, “tener sexo con”… De verdad que no tengo nada en contra del inglés. Ni del alemán o del tagalo. Pero ¿no estamos empezando a parecernos cada vez más a esos hispanos que viven en Estados Unidos, y que tanta gracia nos hacen cuando hablan de “vacunar la carpeta” para referirse a pasarle al aspirador a la alfombra (“vacuuming the carpet”)?

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¿Música o escritura?

Nadie me apea de que si el hombre inventó la música clásica fue por dos motivos: para que al menos algo le hiciese parecer más inteligente que el mono –en todo lo demás salía muy mal parado–, y para que Brahms crease su Sinfonía nº 3, especialmente el tercer movimiento. Pero también para diversiones como la que conocí hace no mucho, gracias a alguno de mis recientes amigos de la blogosfera; si es que tal cosa existe. Simpático para un viernes a estas horas, en las que la sirena de la factoría no quiere sonar…

‘Cortos de Fondos’ 66/258

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Despertó de la siesta, tumbado en el césped del parque. Se desperezó feliz, ofreciendo su cara a los rayos del sol. Miró el reloj. Habían pasado casi dos horas desde que le comunicasen que había sido elegido para la primera expedición humana al Pasado. Al cabo de una semana comenzaría el viaje.

La siesta no había aplacado la intensa emoción que colmaba su espíritu. Ardía en deseos de iniciar cuanto antes la aventura, y aquellos siete días de espera se le antojaban interminables. Se dirigió canturreando a la casa en que vivía con su anciana madre y entró sigilosamente en ella, dispuesto a darle una sorpresa. La encontró ocupada, como siempre, en la cocina; y, como la cocina, 30 años más joven.

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Cartelicos aleccionadores XXVII

(Un resumen de los enviados a los amigos y conocidos en los últimos tres años)

El sentido de todo esto

recuerdos_alterfinesTres estupendos chalados –la bruja que eligió el tema, y los dos que plantearon la iniciativa– tuvieron hace unas semanas la ocurrencia de que todos revisásemos aquel ‘post’ nuestro inicial, aquella bisoña declaración de intenciones; ¡anda que no ha llovido desde entonces! Y aquí estamos todos, rascándonos la sesera para ver si somos capaces de plasmar en unas líneas qué hacemos a diario, sentados delante de un teclado y una pantalla; y por qué lo hacemos: ¿es una válvula de escape para los más? ¿tal vez un/a agujero/ventana a una realidad diferente a la del resto de la jornada? ¿un concurso de ombligos para todos? Mi oxidada alma de periodista está planteando esto como un reportaje de suplemento dominical, cuando en realidad toca “mojarse”. Dejar de hablar de lo que hacen, o por qué hacen lo que hacen los demás. Ahora hay que hablar de uno. ¿Y no es eso lo que más nos gusta a los que tenemos un diario en la red?

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Mira que acordarte de un anuncio, ¡ya te vale!

walkie_talkie_alterfinesRecuerdo que hace un par de años, cuando probaba por primera vez el AVE de Renfe para viajar de Madrid a la Ciudad Condal, el mencionado viaje me reafirmó en dos posturas que ya me barruntaba. Una de ellas es que me sigue encantando volar –vamos, que prefería el venerable “puente aéreo” de Iberia–, a pesar de que ese glamour que tenía antaño subirse a un avión las autoridades occidentales lo han convertido simple y llanamente en transporte de mercancías y ganado. Y que conste que no lo digo sólo por el olor que se escapa de los calcetines de algunos cuando, bajo los arcos de seguridad de la zona de embarque, ha de demostrar uno que no trata de subir a la aeronave para poner en peligro el orden mundial establecido. La otra, y lo siento porque sé que es ir contra corriente, es que los asientos del Talgo me parecían más amplios y cómodos que los de los trenes estos con “cara de pato” y prisas de liebre. Nostálgico que es uno.

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El problema de las cosas que duraban demasiado (4 de 4)

Edison sentiría vergüenza: la bombilla que inventó duraba no menos de 1.500 horas, y las de hoy en día apenas superan las 1.000… Este magnífico reportaje, emitido sin pena ni gloria por nuestra nunca suficientemente alabada La2 de Televisión Española, habla de la obsolescencia programada: una realidad pactada primero por los grandes grupos industriales, que se dieron cuenta de que si las cosas duraban demasiado a ellos no les salían rentables. Y después llevada a cabo contra los consumidores, a quienes nos han forzado a seguir adquiriendo producto tras producto, disminuyendo la vida útil de éstos, con el beneplácito de la clase política. Es un poco largo (en total, unos 52 minutos), pero merece la pena contemplar como nos han convertido, a nuestro pesar, en víctimas del motor secreto de la sociedad de consumo. [Está partido en cuatro trozos por aquellas cosas de YouTube…]

El problema de las cosas que duraban demasiado (3 de 4)

Edison sentiría vergüenza: la bombilla que inventó duraba no menos de 1.500 horas, y las de hoy en día apenas superan las 1.000… Este magnífico reportaje, emitido sin pena ni gloria por nuestra nunca suficientemente alabada La2 de Televisión Española, habla de la obsolescencia programada: una realidad pactada primero por los grandes grupos industriales, que se dieron cuenta de que si las cosas duraban demasiado a ellos no les salían rentables. Y después llevada a cabo contra los consumidores, a quienes nos han forzado a seguir adquiriendo producto tras producto, disminuyendo la vida útil de éstos, con el beneplácito de la clase política. Es un poco largo (en total, unos 52 minutos), pero merece la pena contemplar como nos han convertido, a nuestro pesar, en víctimas del motor secreto de la sociedad de consumo. [Está partido en cuatro trozos por aquellas cosas de YouTube…]