La vida y el ‘carné por puntos’

semaforos_alterfinesDándole vueltas a la sesera en busca de un tema medianamente interesante que dejar programado para el día de hoy –ya que lo pasaré al volante rumbo al Sur– mi vista ha ido a parar sobre un periódico de estos días, que sobresalía de una de las baldas de mi despacho. En uno de sus titulares hacía mención a las temidas “operaciones salida” estivales, y a ese regalo que nos han hecho de un punto extra de carné a quienes hemos conducido respetando las reglas. Curiosos tiempos estos en los que hay que premiar al que cumple con su deber… Claro que más raros tienen que parecerle a Dessjuest: ¡el Tour de Francia lo ha ganado un súbdito de la Pérfida Albión!

Tal vez por eso he recapacitado sobre lo que podíamos hacer para meter en cintura a quien se conduce mal, pero en la vida –sí, sí, esos que van poniendo a prueba nuestra paciencia y nuestra educación a cada momento–, y que no es otra cosa que aplicarles una normativa similar a la del permiso por puntos de nuestra siempre bienamada Dirección General de Tráfico. ¿O es que nadie se apuntaba conmigo a quitarle…

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‘Cortos de Fondos’ 70/258

numero_70_alterfinesYo tenía un recuerdo antiguo. Nada, una cosa pasajera, sin demasiada relevancia. Pero como tantas otras cosas en esta vida, con el tiempo, tal vez merced a contárselo a unos y otros, empezó a crecer. Y yo, la verdad, comencé a cuidar de él; a darle más y más importancia, mientras lo comentaba aquí y allá.

Aprendí también a embellecerlo, a añadirle algún que otro detalle donde lo necesitaba; a adornarme en su relato para suscitar el mayor interés posible en mis auditorios. Y sí, cada día era más hermoso, y estaba verdaderamente orgulloso de él. Hasta tal punto que llegó a convertirse en el recuerdo más importante y maravilloso de mi vida.

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Mi reino por un banco (suizo)

avion_papiroflexia_alterfinesSiete décadas atrás, año más, año menos, y con ocasión de una visita de inspección a cierta base aérea germana en el recién ocupado territorio del norte de Francia, el entonces jefe supremo de la Luftwaffe, el temido Hermann Goering, tuvo la ingeniosa ocurrencia de preguntar a su mejor piloto de caza, Adolf Galland, qué precisaba para que el glorioso ejercito alemán ganase la Batalla de Inglaterra.

A lo que Galland respondió, mientras sacudía la cabeza con cierto desánimo –mirando el morro ahumado de su Messerschmitt* y sopesando si debía o no ser sincero, por la cuenta que le traía– con un explícito: “Spitfires**, mi general, Spitfires”.

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Un poco de surrealismo para alegrarnos la vida

“Sopa de Ganso”, son palabras mayores. Y el “diálogo de besugos” en el que Chico Marx le explica al cliente lo que han estado haciendo durante la semana –que viene a ser lo mismo que hacen nuestros eurodiputados– siempre me ha parecido deliciosamente surrealista. Vamos, ideal para estos tiempos sombríos. [En todo caso, Josep me ha dado la idea, con esa anécdota suya de haber sido confundido hasta dos veces, por dos personas que le habían visto en sitios donde no estaba…].

Douglas Adams (1952-2011) Novelista de ciencia-ficción y guionista radiofónico británico

“En los remotos e inexplorados confines del arcaico extremo occidental de la espiral de la galaxia, brilla un pequeño y despreciable sol amarillento. En su órbita, a una distancia aproximada de 150 millones de kilómetros, gira un pequeño planeta totalmente insignificante de color azul verdoso, cuyos pobladores, descendientes de los simios, son tan asombrosamente primitivos que aún creen que los relojes de lectura directa son de muy buen gusto”.

‘Cortos de Fondos’ 69/258

La primera etapa de su vida como inventor aficionado, en las horas libres que le dejaba su trabajo de contable en un banco, la empleó en investigar la forma de concebir, diseñar y finalmente construir una máquina con la que fuese posible viajar hacia atrás en el tiempo.

Y tan convencido estaba de poder llegar a lograrlo algún día, que se juró de forma solemne a sí mismo que cuando al fin lo consiguiese el primer viaje que hiciese al pasado sería precisamente a ese momento concreto: al instante en el que estaba tratando de imaginar cómo sería disponer de un avance tecnológico tan revolucionario.

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Cartelicos aleccionadores XXVIII

(Un resumen de los enviados a los amigos y conocidos en los últimos tres años)

Se lo deben de pasar ‘pipa’

Los científicos deben de disfrutar una burrada cuando hacen determinados descubrimientos. Y ya no digamos nada cuando los ponen en conocimiento del personal. Primero, de sus colegas, que se tirarán de los pelos por no haber sido ellos los primeros en darse cuenta. Y más tarde, en el del común de los mortales: los que creemos que la Ciencia, así, en mayúscula, sería seguramente capaz de superar ese truco de David Coperfield, en el que desaparece dentro de una enorme caja negra, montado en su Harley Davidson, para aparecer a 800 metros, en el tejado de un gallinero. Lo que pasa es que los científicos acostumbran a ser algo más discretos –no llegan al laboratorio cada mañana con una enorme capa de terciopelo negro–, y además no creo que, con tanto recorte, su sueldo alcance para una moto tan legendaria en prestaciones como en precio.

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‘Cortos de Fondos’ 68/258

El último sueño de la noche la estaba atormentando aún cuando abrió bruscamente los ojos, empapada en sudor: acababa de ver morir a su marido, aplastado a la puerta de su casa por las ruedas de un camión cisterna de los bomberos.

La pesadilla le pareció tan real que, cuando escuchó una sirena acercándose, y sintió a su esposo hablando con un vecino en la calle, se levantó de un brinco y saltó por la mismísima ventana al jardín.

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