Mira que acordarte de un anuncio, ¡ya te vale!

walkie_talkie_alterfinesRecuerdo que hace un par de años, cuando probaba por primera vez el AVE de Renfe para viajar de Madrid a la Ciudad Condal, el mencionado viaje me reafirmó en dos posturas que ya me barruntaba. Una de ellas es que me sigue encantando volar –vamos, que prefería el venerable “puente aéreo” de Iberia–, a pesar de que ese glamour que tenía antaño subirse a un avión las autoridades occidentales lo han convertido simple y llanamente en transporte de mercancías y ganado. Y que conste que no lo digo sólo por el olor que se escapa de los calcetines de algunos cuando, bajo los arcos de seguridad de la zona de embarque, ha de demostrar uno que no trata de subir a la aeronave para poner en peligro el orden mundial establecido. La otra, y lo siento porque sé que es ir contra corriente, es que los asientos del Talgo me parecían más amplios y cómodos que los de los trenes estos con “cara de pato” y prisas de liebre. Nostálgico que es uno.

Pero tampoco es esto de lo que venía hoy a teclear. Sí, ya sé que ando por el segundo párrafo y que aún no he arrancado, pero es que el rollo va hoy sobre publicidad. ¿Y qué hay más aburrido que la publicidad, cuando no la esperas; que es la mayoría de las veces?

Antes de comenzar la película, con la que nuestro querido monopolio ferroviario induce al 80% del pasaje a un placentero sueño, que suele durar desde Villavarde Alto hasta la mismísima Zaragoza, un anuncio publicitario suscitó mi atención: era de una multinacional estadounidense de material de oficina (entre otros cosas, que ya se sabe que luego estas megacorporaciones, vía filial desconocida, venden desde alimentos infantiles hasta armas de destrucción masiva), que pregonaba las bondades de un filtro para la pantalla del ordenador portátil cuya principal virtud es la de proporcionar, al propietario del PC, una intimidad que le estrechez de los asientos, y la natural curiosidad del ser humano, ayudan a invadir con frecuencia en este tipo de viajes. Si estás trabajando, no quieres que el compañero o compañera de asiento vea ni cuál es tu dirección de correo electrónico ni qué tipo de mensajes recibes; si por el contrario estás de ocio, ¿qué le importa al fulano o –qué feo resultaría aquí lo de fulana, por lo sexista que es a veces el lenguaje– fulanita si se me da mejor el ajedrez o el backgammon?

El anuncio era además esa sabia mezcla de humor y efectividad con la que las agencias creativas anglosajonas saben, desde hace ya muchas décadas, llegar al público objetivo que busca el anunciante, por lo que no me quedó más remedio que reflexionar sobre lo fantásticamente bien empleados que estaban los euros que 3M se hubiese gastado, porque ¿en qué otro lugar, que no sea en las líneas de ferrocarriles que transportan ejecutivos, portátil en bandeja, van a encontrar mayor número de interesados? De hecho, al elevarme sobre el asiento, observé que en todas las hileras de asientos había al menos una pantalla reluciente abierta, cuando no dos… Al encargado de contratar dicho espacio le pasaba yo de becario junior a becario senior in-me-dia-ta-mente (pronunciado este último adverbio a lo López Vázquez en “Atraco a las 3”).

Y es que eso me ha hecho preguntarme por qué las grandes compañías siguen matando moscas a cañonazos. ¿Qué sentido tiene gastarte cientos de miles de euros en campañas con las que apenas llegas al 5% de tus posibles consumidores? ¿No sería más lógicos buscarlos, un poco –supongo que no será sencillo, pero afinar está al alcance de cualquiera; y más si ese cualquiera tiene dinero– antes de gastarte millonadas en “disparar al bulto”? Me recuerda una anécdota que me contó hace unos años un entrevistado. No era suya, pero no recuerdo quién fue el primero que empleó la frase: “Sabemos que de una gran campaña publicitaria estamos tirando directamente a la basura dos tercios del presupuesto empleado. El problema es que no sabemos qué dos tercios exactamente”.

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4 pensamientos en “Mira que acordarte de un anuncio, ¡ya te vale!

  1. Pero si es un peñazo viajar en avión: los aeropuertos están a tomar viento (nunca mejor dicho) y sin embargo el tren te deja en mitad de las ciudades.

    • Eso no del todo cierto, Pepe. Mira Zaragoza, sin ir más lejos: el AVE te deja donde da la vuelta el viento.
      En general, es más cómodo el tren, pero el avión evoca viajes lejanos.

  2. Ojala llegara tu pensamiento a los publicistas y se dedicaran a concretar los espacios donde publicitar sus productos. Los supermercados serían un sitio estupendo, los centros de salud, los parques, los medios de transporte, los bares y así se repartiría un poco el bombardeo cansino de la televisión. Claro que entonces televisión y radio deberían buscar otro modo de financiarse, pero estoy segura que lo encontrarían.
    Mi marido que ha viajado mucho opina como tu con respecto al talgo, es más dice que es mucho más rápido y cómodo que el AVE pero ya se sabe que teníamos que comprárselo a los franceses. Yrum, un beso

    • Amén. Es que lo que no es de recibo es que se sigan empleando técnicas de hace un siglo: mejoran los anuncios, pero no su empleo. De hecho, leí una frase que me llamó la atención (dejando a un lado su machismo ‘light’): “Un hombre de negocios tiene tres formas de dilapidar su fortuna: con las carreras de caballos, con las mujeres y con la publicidad. La primera es la más entretenida, la segunda la más placentera y la tercera la más rápida”. 🙂

      Tu esposo sí que sabe. No nos la dan…

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