Me gusta el género ‘negro’

“Era un tipo tan duro que sudaba resina”. ¿Puede alguien decir que esto no es literatura creativa? ¿Que la “novela negra” no está plagada de símiles y metáforas que se encuentran seguramente entre lo más ingenioso escrito por el ser humano? No digo que se trata de obras trascendentales, de compendios del saber humano; digo, o mejor dicho, escribo que un “Ayer estuve en el club Panam’s. Bebí mucho y hablé demasiado. Averigüe con quién, y soluciónelo”, o un “No me infunden confianza los tipos que sonríen como si les ‘tirasen’ los puntos de la fimosis” valen su precio en oro, porque no hay mortal con medio litro de sangre caliente que se pueda resistir a leer las 258 páginas siguientes, a poder ser de un tirón.

Y que conste que no hace falta ser Raymond Chandler, y crear un personaje como el detective Marlowe, que suelte ‘perlas’ como “Era más bien alta, pero tampoco un poste de telégrafos”. Como muestra, un par de botones: “Con un ‘gracias’ hubiera bastado; pero la concisión no estaba entre sus virtudes, y yo, la verdad, nunca he soportado el exceso de azúcar”, o “Cuesta creer que mi madre, que me pone ahora una tirita sobre la rodilla mientras me canta el ‘cura rana’, haya envenenado a tanta gente. Yo lo sé porque yo la ayudo”.

Ambos pertenecen a un concurso organizado por un festival o un ciclo de conferencias sobre este tipo de literatura, organizado hace un par de años en la Ciudad Condal. Y sí, las ideas son del público participante, no de los escritores conferenciantes. Aunque lo más habitual es toparse con autores que lo borden: “En la vida de una mujer como aquella, un tipo como yo solo podía entrar por la fe de erratas” y “Hacía tiempo que dormíamos en cuerpos separados, así que con las llaves de nuestro apartamento mandé fundir una veleta”. Poesía pura, al menos para mis oídos.

En algunos casos escribo de memoria, así que me presto a cualquier tipo de corrección o colleja dialéctica; en otros, recuerdo al autor, o al menos a quien le escuché tan afortunada máxima. Ahí voy: “El viejo asintió, como si su cuello tuviera miedo del peso de su cabeza” y “Con semejante atuendo, el sujeto pasaba inadvertido, tanto como una tarántula sobre un pastel de crema”, del mencionado Philip Marlow (Raymond Chandler); “Me interesa la moral, a condición de que no haya sermones” sólo podía ser de un cínico como el Ripley de Patricia Highsmith; “El laurel tiene dos destinos: la cabeza del héroe o el estofado”, creo que salía de la boca de Sam Spade, el detective creado por Dashiell Hammett. Entre los autores del género españoles, Vázquez Montalbán hizo decir a su Pepe Carvalho cosas como “A ciertas alturas de la vida uno ya solo hace planes para el pasado”; y de José Luis Alvite, si he de destacar solo un par de frases, me quedo con estas: “Se pasaba la vida suicidándose, por su absurda manía de colgarse de árboles caídos” y “Era tan corpulento que podía salir huyendo en tres direcciones diferentes”.

La intriga policíaca pura y dura une, a menudo, denuncia social, lo que unido a la marcada personalidad de sus protagonistas, hace de la “novela negra” un género magistral. “Los neumáticos de aquel automóvil sobre el pavimento hacían un ruido hueco y rotundo” es poesía que nos regala Boris Vian, para quien “El oficio de asesino no resulta, en verdad, nada descansado”. Pero si hasta esa ancianita adorable que era Agatha Christie fue capaz de escribir “Cualquier mujer puede engañar a un hombre si se lo propone, y él está medianamente enamorado”. Esta señora es la autora de una verdadera obra de arte. lo que parece ser una broma macabra se convierte en una espantosa realidad cuando, uno por uno, diez invitados son asesinados en un atmósfera de miedo y mutuas recriminaciones. Y la clave está… ¡en una vieja canción infantil!: ‘Diez negritos se fueron a cenar, uno se ahogó y quedaron nueve. Nueve negritos trasnocharon mucho, uno no despertó, y quedaron ocho…’.

Que no se me olvide terminar con un par de frases más, que leí el otro día, en un comentario que un amigo reciente, Deejuest, le hacía a otra amiga que he encontrado en la red, Inspi: “Tenía una sonrisa falsa como el abrazo de una suegra” y “era tan fea que hacía daño mirarla”. Geniales, maestro.


Anuncios

9 pensamientos en “Me gusta el género ‘negro’

  1. Ja ja, el insigne Dessjuest es en sí un personaje de novela negra.
    Es un género del que no he leído demasiado, pero con estas frases apetece ponerse rapidamente a hacerlo.

    “En la vida de una mujer como aquella, un tipo como yo solo podía entrar por la fe de erratas” si la pilla Sabina, se la queda para hacer una canción, es genial

  2. Bueno, hay que decir que uno mamó en su niñez mucha novela de esas de Brugera que de vez en cuando regalaban alguna joya, también Agatha Christie, un hermano mío era tremendamente aficionado, el “Orient Express” y las dos soluciones al enigma para mí fueron impactantes en su momento.
    Creo que el cine y la novela negra es junto con el western vivero de grandes frases, dichas por personajes siempre oscuros, atrayentes, “El mejor truco que hizo el diablo fue hacer creer a la gente que no existía”, lo digo de memoria pero algo parecido fue lo que se decía de Keyser Soze en “Sospechosos Habituales”.

    Siempre me han gustado esas frases, quizá por eso adoro “The Wire”, repletas de ellas, “Si escucho la música bailaré” decía la detective recien tiroteada cuando se le ofreció volver a un puesto más tranquilo, siempre con ingenio, con segundas lecturas.

    Post apasionante este, quizá empañado por la mención a ese personaje tan gris justo al final, que eso sí, queda que no cabe en su camiseta, pena que se lo he enseñado a las niñas y no han hecho ni puñetero caso, Bob Esponja me las ha abducido.

  3. No te preocupes, es pasajero: lo que está claro es que tú ya has empezado a no contar… Y de ahí a ser “su viejo”, solo hay un paso.
    La mía se estuvo todo verano pasado viendo Disney Channel y ahora pierde la baba por los solistas de los grupos pop-rock de moda…
    La vida, Dessjuest, la vida.

  4. Bueno, vuelvo, porque antes no tenía tiempo, un claro ejemplo de lo que hablamos, “El Psicoanalista”, novela de John Katzenbach, entré en la tienda, leí la contraportada, corto frases:

    “Feliz 53 cumpleaños, doctor. Bienvenido al primer día de su muerte”

    “Al principio pensé que debería matarlo para ajustarle las cuentas, sencillamente. Pero me di cuenta de que eso era demasiado sencillo. Es un objetivo patéticamente fácil, doctor.”

    “Y, dada la facilidad de ese asesinato, no estaba seguro de que me proporcionara la satisfacción necesaria. He decidido que prefiero que se suicide.”

    Vaya, fue leer eso y me la compré, luego cierto, la novela no es gran cosa, entretenida sin más, pero ¿quién se resiste a ella tras leer frases como esas?

    • Conozco el paño. A mí me pasó hace poco con “Burlando a la Parca”, de Josh Bazell, sobre un médico un tanto psicópata, que ha de eludir a la Mafia, para la que ha trabajado pero de la que se ha salido: mucha violencia gratuita, acción trepidante, algunas frases dignas del género, y poco más.
      No todo vas a ser aciertos…

Los comentarios están cerrados.