La lista de la compra

ver_pasar_la_vida_alterfinesDisfrazarme de centurión de las legiones romanas, con penacho rojo incluido; estudiar portugués, por si viajo algún día a Brasil; aprender a cocinar algo más que unos huevos fritos (y mira que soy glotón, caramba); lanzar un martillo de los de atletismo, girando sobre mí mismo dentro de esa jaula; terminar de escribir todos los relatos que tengo guardados en la caja de zapatos o “ennichados” en la pensadera; acabar “Sinué, el Egipcio”, o al menos pasar de la página ventitantos…; volver a repetir con Cristina nuestro viaje de ‘luna de miel’; hacerme el encontradizo con un político, aunque sea local, y explicarle que desprecio a casi todos los de su profesión; correr más que sus guardaespaldas; silbar correctamente una pieza cualquiera de jazz…

Tengo unas cuantas cosas que hacer en esta tercera parte de mi vida. Y lo mismo que apunto lo que no quiero que se me olvide del “AhorraMás”, voy confeccionando una pequeña listita. Sé que mezclo churras y merinas, pero como no tengo que presentársela a nadie…

Entender de una vez por todas para qué sirven las diputaciones provinciales; volver a por la trucha aquella que se me escapó el 4 de abril de 1993; ordeñar algún animal que no sea una vaca; coger una buena borrachera de mezcal, pero rodeado de conocidos no por ahí, vete tú a saber dónde; ponerle nombre a un superhéroe, y dotarle de alguna habilidad sólo a su alcance; viajar al espacio, aunque sea en alguno de los ‘utilitarios’ que inventarán para los que no somos millonarios tejanos; aprender algún baile de salón para sorprender a Cristina cuando celebremos nuestras ‘Bodas de Oro’ (si es que por entonces puedo mover aún las rodillas); dejar de ser un puñetero perfeccionista para ciertas cosas y un desastre con piernas para otras: ¿qué tal un sensato término medio?; ser un abuelo genial, y a ser posible llevar siempre monedas en los bolsillos de la chaqueta de pijama con la que recibir a los nietos, como hacía el mío; tomarme una Guiness bien fresquita sentado en una de esas banquetas sumergidas en el agua, en un bar tropical de playa ídem.

He preferido no numerar todos estos anhelos, no vaya a ser que me dé por empezar con el de la borrachera de mezcal, y al día siguiente, en plena resaca, tome papel y lápiz y me ponga a ello. Evitando la tentación, se conjura el peligro. ¿O era cayendo en la tentación se acabó el peligro?

Poder saber más del día exacto en que nací: qué hacía mi padre (mi madre ya lo sé), qué hubo de bueno en dicha fecha, en qué se afanaba la gente…; salvar de morir ahogado a alguien; disfrutar de un partido de fútbol americano profesional en las gradas de uno de los 32 estadios que existen, al efecto, en Estados Unidos; acompañar a mi hija mientras recorre la rampa de lanzamiento que es la adolescencia y la juventud, como hicieron en su día conmigo mis padres, y no perder el paso; estudiar la carrera de Historia, aunque ignoro si si puede hacer así, a lo bruto, o va por especialidades: ‘Antigua’, ‘Prehistoria’, etcétera; apoyar en todos los sentidos, y no sólo el económico, que también, el sueño loco de un ser querido; aprender a decirle ‘no’ a todo el que se lo merece; apostar en un casino de Las Vegas (esto puedo cumplirlo si voy al estadio de los Arizona Cardinals); acabar de aprender, o al menos de interesarme vitalmente por todo, que es agotador.

Y termino con un deseo casi, casi, imposible: ya que voy a intentar salvar de morir ahogado a alguien, que ese alguien sea un hijo de Bob Dylan (Elvis y Sinatra se me murieron ya). Para que en agradecimiento me deje interpretar al alimón con él, en el escenario de la Ópera de Sydney, y delante de 25.000 o 30.000 personas, “Hurricane”. Si tal, prometo aprender algo de solfeo, o entonación, o lo que sea, para no hacer el ridículo.

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5 pensamientos en “La lista de la compra

  1. Jolín, que declaración de intenciones más chula, recuerda aquello de “no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió” así que según mi filosofía los peligros y las tentaciones se conjuran cayendo en ellas, luego ya tendremos tiempo para ver si nos arrepentimos o no, con que cumplas el 50% de tus deseos ya estaría bien

  2. No, no lo sabía. Pero, ya sabes: San Google…
    Fui seguidor de Sabina hasta que me hizo un feo innecesario e inopinado en una entrevista. Pero –como decían en ‘La Historia Interminable’, esa será otra historia que ya contaremos otro día.

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