En esas ando aún…

“¿Qué me impulsa a escribir este diario?”, suele ser el título de la primera entrada de todos los que nos metemos en esto de teclear lo que pasa por nuestra insignificante cabeza, y depositarlo en un espacio accesible a cualquiera; o mejor dicho, a disposición del que pase por taquilla y contrate su línea ADSL con la multinacional de turno. Pero no me refiero tanto a eso como a ¿qué nos empuja, a los que llevamos un ‘blog’, a abrir el gestor de contenidos cada dos o tres jornadas –algunos con una fiera disciplina diaria–, para plasmar de modo más o menos brillante una idea, escribir un relato, compartir con quienes nos siguen un video de YouTube o Vimeo, o plasmar sencillamente unos breves comentarios en referencia a alguna de esas impactantes imagenes que pululan por la red?

¿Se trata de una necesidad imperiosa de contarle, al que quiera escuchar, que tenemos precisamente eso, algo que decir? Ya sea sobre un tema de candente actualidad, acerca de algo que creemos ser los primeros en detectar o simplemente para volver sobre esos “fantasmas” que están ahí, cómodamente instalados en el fondo de nuestra mente. ¿Necesitamos salir más a la calle, vernos con más frecuencia con los viejos amigos? ¿Eh? ¿Eh?

No creo ‘los tiros’ vayan por esto último. Yo soy discretamente feliz; estoy todo lo satisfecho que puede estarlo un blanquito occidental de clase media; casado y enamorado, con una hija adolescente que no quiere saber nada de “su viejo”; y en un país manejado por fascistas y gente “de bien”, que se encuentra al borde del abismo económico y en plena fase de negarle el pan y la sal al común de la gente para favorecer a los de siempre. Nos ganamos la vida de forma digna –ella más que yo en los últimos tiempos–y mantenemos un nivel aceptable de caprichos/mes, no faltando nunca en casa un libro interesante que leer o una serie de televisión ‘yankee’ a la que engancharse. Pizza los viernes por la noche y tres cuartos de hora de pedaleo diario el resto de la semana para no subir demasiado de los 90 kilos. Cervezas (sin alcohol) con los amigos, de la época del colegio, el 17 de cada mes. Y un blog, ¿para contar esto? ¡No puede ser!

Puede que sea entonces para hacerme el interesante. O porque decidí hacerme periodista a los 11 o 12 años de edad, cuando editaba la revistilla de la clase, y poner una caricatura del único presidente de los Estados Unidos que ha tenido que dimitir por un escándalo político, junto a la frase “Nixon, Nixon, gorgorito, mete la mano en el Vietnam, y saca a tus soldaditos” fue toda una sorpresa para mis mayores, que empezaron a mirarme con otros ojos. Hablaba hace poco de ello con un buen amigo, que acababa de descubrir esta afición mía no tan secreta de andar escribiendo sobre lo divino y lo humano. Le decía que si se lo había ocultado era porque lo empecé no para que alguien me leyese, sino para modernizar el frágil refugio de tanto papelote garabateado, recorte malamente escrito, ‘post-it’ relleno hasta los bordes, caja de cerillas con apunte trasero, borde arrancado de un periódico y servilleta de bar con la tinta corrida por la humedad. Porque desbordaban ya una hermosa caja de botas de montaña, después de haber pasado por una algo más pequeña de puros, y anteriormente por una aún menor de un antiguo reloj. No quería que se echaran a perder cientos y cientos de ideas, muchas de las cuales han acabado no obstante en la trituradora. No dudo de que en su día debieron de ser lo suficientemente relevantes como para anotarlas y guardarlas con celo, pero el tiempo no perdona.

Así que, a lo mejor, esto empezó cuando ni siquiera existía Internet. Aunque el firme propósito de escribir todos los días algo lúcido, interesante, transgresor, baboso, relevante o cursi, o todo ello mezclado, sí que es más reciente. Y en esas ando aún, aunque algunos días, como se puede ver, no estoy demasiado fino…

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2 pensamientos en “En esas ando aún…

  1. vaya caca de revista que haciamos
    no se ni como nos la dejaban sacar los curas
    (a lo mejor es que ni se la leian, de poco peligrosos que nos veian)

    • Pues a mi me hubiese encantado conservar alguno de aquellos ejemplares hecho en hojas cuadriculadas grapadas, y con las “barbas” de haberlas arrancado del cuaderno cortadas a tijera. Creo recordar que se la alquilábamos al que la quería leer; lo que no recuerdo es el precio.

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