‘Cortos de Fondos’ 43/258

Los niños correteaban incoherentemente por el parque cuando se arrellanó con su periódico en uno de los bancos públicos. Diez minutos después abandonaba el diario en su huida. Seguido de los niños, que le lanzaban piedras y otros objetos contundentes, y se no cesaban de mofarse de él.

Cualquiera que hubiera pasado por una experiencia así estaría asombrado; más no él. Era una escena que resumía su infancia, su adolescencia, su juventud y su madurez. Desde que tenía memoria siempre había despertado de modo inopinado la agresividad de cualquier colectivo humano. Y los niños eran muy poco sutiles al respecto.

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Un poco de autoestima

Moviendo a las masas a hacer cosas. Allá vamos. Leí en cierta ocasión una anécdota que viene al caso. Es ñoña, lo sé. Y probablemente ni siquiera sea el primero que la saca a colación de la coyuntura actual. Pero ahí va. Habla de un emprendedor que vivía al lado de una carretera, y vió la oportunidad de poner en marcha un negocio de restauración; en concreto, un puesto de venta de bocadillos. El tipo en cuestión era algo sordo, y no escuchaba con atención lo que decían en la radio. Tampoco tenía una vista de lince, por lo que apenas se interesaba por lo que decían los periódicos. Ahora bien, vendía unos bocadillos que debían de ser sabrosos no, lo siguiente. Pero como no le bastaba con la publicidad boca a boca que le hacían los propios clientes, puso junto al puesto un enorme letrero luminoso y unos altavoces con una grabación que repetía lo deliciosos que estaban aquellos bocadillos calientes.

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‘Cortos de Fondos’ 42/258

Lo peor de todo era la incertidumbre, que había bloqueado su mente. No había conquistado la plena convicción de ser el único representante de la raza humana, pese a que durante los últimos 30 años no había hecho otra cosa que intentar demostrarlo, recorriendo penosamente los paisajes desolados del planeta.

El destino quiso que se hallara en el espacio junto a tres compañeros cuando se produjo la catástrofe final. Entre los lamentos propios de una situación tan espantosa, uno comentó que ya solo quedaban cuatro hombres: ellos. Él llevó la disquisición más lejos, aunque se la guardo para sus adentros: uno de los cuatro sería finalmente el último ser humano vivo. La culminación de una raza.

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Me gustaría ser…

Un corto filmado por un hijo, que quería emitirlo sólo para la familia y los amigos, cuando su padrastro entregase la cuchara. A nadie le quedó duda de que su ‘segundo’ padre había sido un amante del río, pero que eso no impidió que quisiese y que estuviese siempre cerca del hijo de su mujer. Me gustaría que se me recordase como un magnífico padre; y desde luego no me importaría que se me recordase como un magnífico pescador de trucha a mosca.

Cartelicos aleccionadores XIX

(Un resumen de los enviados a los amigos y conocidos en los últimos tres años)

‘Cortos de Fondos’ 41/258

Mientras se arreglaba con desgana pensó que no perdía nada si expresaba en voz alta su disconformidad:

–”Me caen como el culo, cielo No sé por qué demonios tenemos que perder una tarde de sábado en ir a ver a estos dos a su casa, que encima está a tomar viento”.

–”Venga, hombre, que tampoco se puede decir que sean mis mejores amigos. Les soporto, y punto. Es más, por lo que pude apreciar la última vez que nos vimos, estoy convencida de que tampoco nosotros somos precisamente santos de su devoción. Apostaría cualquier cosa a que estarían encantados de la vida si descolgases el teléfono y les llamases ahora mismo para decirles que lo sientes, por lo repentino del aviso,  pero que no nos es posible ir…”.

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‘Cortos de Fondos’ 40/258

Comenzó siendo un juego. Dos matrimonios, una sobremesa de domingo, entre la bruma de los licores digestivos y la pesadez y torpeza de los sentidos, motivadas por la somnolencia de esas horas. Y una apuesta de por medio.

“De verdad te crees capaz de escribir de cualquier cosa?”, interrogaron a Iruz, al alimón, Oterol y Otiaw, mientras Anele permanecía a la expectativa, un tanto ausente.

–”Correcto”, contestó éste, retando al matrimonio amigo. “De hecho, os propongo un sencillo pero apasionante desafío intelectual: pensad en los 10 títulos más ingeniosos, descabellados, surrealistas… en una palabra, una decena de historias que os parezcan inverosímiles para que yo, a mi vez, pueda dotar a cada uno de ellos de contenido, con un relato que os deje boquiabiertos, antes de que concluya la tarde. Y de ese modo os habré demostrado, con los hechos, que además de presuntuoso, soy buen escritor”.

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El fútbol, ese deporte mediocre

Llegamos al final de la Eurocopa de ese mal denominado “deporte rey” –pues no es sino una extraña y multimillonaria versión del circo de payasos, trapecistas y titiriteros de toda la vida–, y no se me ocurre otra cosa para escribir hoy en este ‘diario’ que sobre fútbol. ¿Qué quieren? Es lo único de lo que nos han estado hablando esta semana los medios de comunicación a los que huíamos de la letanía de la crisis económica, las sudorosas temperaturas estivales o de la amenaza de del fascista gangoso que nos preside de hacer o decir algo que hunda aún más la moral del país. A pesar de que se trata de un deporte que, como espectáculo, es mediocre, y como entretenimiento, aburrido. ¿Cómo sino se explica que, después de 28 partidos disputados, y 28.268 pases dados, sólo se hayan conseguido 69 míseros goles?

Pero no voy a hablarles de eso, que resultaría demoledor. Se me ha ocurrido otra cosa para elucubrar. Y es que si la vida en general se pareciese al balompié hay algunas cosas curiosísimas que nos pasarían a los que nos movemos por la ciudad y hacemos constantemente cosas en la calle. Voy a contarles lo que sucedería si los ciudadanos de a pie nos comportásemos como les permiten hacer en los últimos tiempos a la mayoría de los aficionados al fútbol.

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