‘Cortos de Fondos’ 42/258

Lo peor de todo era la incertidumbre, que había bloqueado su mente. No había conquistado la plena convicción de ser el único representante de la raza humana, pese a que durante los últimos 30 años no había hecho otra cosa que intentar demostrarlo, recorriendo penosamente los paisajes desolados del planeta.

El destino quiso que se hallara en el espacio junto a tres compañeros cuando se produjo la catástrofe final. Entre los lamentos propios de una situación tan espantosa, uno comentó que ya solo quedaban cuatro hombres: ellos. Él llevó la disquisición más lejos, aunque se la guardo para sus adentros: uno de los cuatro sería finalmente el último ser humano vivo. La culminación de una raza.

Su importancia histórica sería infinitamente superior a la de Adán y Eva, pues si los primeros padres carecían de tiempo vivido, el último hombre ejemplarizaba todo el pasado. Entonces se le ocurrió la gran idea, y no tardo en eliminar por sorpresa a los tres compañeros de la estación espacial.

Hubo de esperar una larga década antes de retornar a la madre Tierra. Fue un periodo fructífero, que le permitió, mientras se degradaban los residuos letales del exterminio, construir mentalmente su gran obra. La obra más importante de la humanidad; su capítulo final. No estaba destinada a generaciones futuras, porque no las habría. Su objetivo era cósmico: otras razas aprenderían con él el triste destino de unos seres que se habían creído el ombligo mismo del Universo.

Pero cuando al fin pudo aterrizar, descubrió con pesar que todavía vivían algunos insectos, y creyó ver incluso una rata. Eso significaba que no era imposible  que algunos hombres, de modo inexplicable, hubieran sobrevivido a la catástrofe. Naturalmente, así no podía concentrarse en escribir “El Testamento de la Humanidad”, título que había discurrido darle a la obra cumbre, por definitiva, de su raza. ¿Cómo plasmar el pensamiento del último representante de la raza humana, si no estaba seguro de serlo?

Ahora comenzaba a sentirse viejo, y se le ocurrió que podía fallecer sin llegar a saber  si en verdad era el último hombre vivo. Si no lo había conseguido averiguar en tres deácadas de pesquisas sobre los restos del planeta, era posible que no lo descubriera ya jamás. En el fondo sabía que “El testamento de la Humanidad” nunca sería escrito. Si algún día encontrase a algún hombre vivo, tendría que suprimirlo. ¿Y que haría entonces. ¿Seguir buscando, como había hecho siempre desde su regreso a la Tierra?

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