Nunca pasa nada (y si pasa, no importa)

A las honduras en las que nos encontramos, ponerme a escribir en este diario –hoy han aprobado los inútiles de la Real Academia Española el empleo del anglicismo ‘blog’– que la gente tiene una empanada mental acojonante, no puede decirse que sea un descubriemiento que vaya a pasar a la historia de la Sociología.

El personal está aborregado/estamos aborregados, y por eso dejamos que nos den los palos que nos dan sin que nadie se despeine, y mucho menos mueva un dedo con el propósito de evitarlo. Visto con la perpectiva de un observador lejano e imparcial, lo cierto es que podría considerarse el gran triunfo de la clase dirigente: conseguir que sus subordinados estén tan tranquilos, pase lo que pase; les alimentemos o les negemos el alimento, e incluso si nos defecamos en su cuenco vacío.

Y es que con la coartada de la crisis, parece que se ha instaurado un ‘aquí vale todo’ respecto a los derechos de la gente de a pie. Es más, y por seguir diciendo algunas perogrulladas, como están “haciendo piña” en torno a los suyos –a los que causaron este desastre, me refiero–, muy al estilo de la ‘cosa nostra’, de la ‘borgata’, el desastre y sus consecuencias lo vamos a pagar nosotros.

Primero el desastre (subida del IVA, despido más barato, retraso en la edad de jubilación, computo de las cuatro décadas de vida laboral para el cálculo de la pensión, etcétera). Y luego las consecuencias: peor sanidad, y por lo tanto reducción de las expectativas de vida; peor educación, y por lo tanto peor convivencia social; peor todo, por no volver a emplear el ‘etcétera’. Y lo malo de que la gente esté desnortada es que los políticos nos toman por oligofrénicos, en el grado de idiocia. Véasen los resultados de las recientes elecciones en Grecia. Pueden robar por la cara, malversar todo lo que les venga en gana, derrochar lo que no es suyo, enchufar a la parentela y muchas otras cosas, que por desgracia aún no sabemos, que el personal les sigue votando, y sacan la mitad del parlamento de turno los unos, y la otra mitad los otros; suponiendo que quepa ya considerarlos diferentes…

Pero es que los que creen aún en la política son como los forofos del deporte, que gane o pierda su ídolo o el equipo de sus amores van a seguir siendo defensores suyos a ultranza; y cuando llegue el día de votar, ¿qué más da lo que hayan hecho, si lo importante es que no salgan los otros, lo que no son “los míos”? No existe otra explicación al hecho de que, siendo unos gestor de lo público nefasto, Ruiz Gallardón haya sido alcalde de Madrid durante tres mandatos consecutivos. Consecuencia: la ha dejado endeudada de por vida, a mayor gloria de sus obras faraónicas. Además, cuando oyes hablar a cualquier político en la radio o la televisión, con esa cadencia de quien no tiene claro lo que dice, esa repetición de vocablos de quien cree estar dirigiéndose a retrasados mentales, y esa innecesaria enumeración de adjetivos para referirse a algo que ya ha quedado clara, parece que se piensan que están hablando con drogadictos o con extranjeros que no conocen el idioma. ¿No se dan cuenta que sabemos perfectamente que no piensan, ni creen en lo que dicen? Nunca jamás contestan a lo que se les pregunta, o comienzan a dar rodeos y a agarrarse a cualquier cosa que desvíe el foco de atención sobre ellos. Y no pasa nada.

Y no pasa nada porque los grandes medios de comunicación españoles son una mierda pinchada en un palo. Cada uno tiene su propia ideología, y la objetividad no existe. De modo que quien compra y lee un periódico, o quien se afeita escuchando una emisora concreta, lo hace para oir aquellas cosas que quiere, no para estar informado de un modo imparcial y sacar él sus propias conclusiones. La gente parece pensar que es más sencillo comprar la propia opinión ya hecha, sin darse cuenta de que eso es exactamente lo que desean ciertas personas, corrientes políticas o intereses económicos. Ayer comí con un antiguo compañero de trabajo y, coincidiendo en estas y otras reflexiones similares, me habló de algo que desarrollaré en una entrada posterior: la unidad de acción. Alguien tiene que hacer algo por poner en marcha el rebaño, ¿no?

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2 pensamientos en “Nunca pasa nada (y si pasa, no importa)

  1. La situación esta jodida. Demasiado jodida. Todo ese precioso sistema que los americanos nos impusieron como el mejor y más beneficioso ha vuelto a mostrar su verdadero rostro, así como hizo en las pasadas crisis, devorando a todos los que lo han seguido ciegamente.

    Lo que salvó a los EE.UU. del crack del 29 fue la aparición de una guerra y, como estúpidos, pensamos que nada de eso volvería a ocurrir. Mientras, los que manejan el cotarro (los que estan a las riendas del sistema) se frotan las manos ante todos los juegos especulativos que se han abierto ahora ante sus ojos.

    Parece que no aprendemos, que no nos hemos dado cuenta aún de que este juego de oferta y demanda, de capitales, bienes, préstamos e inversiones no lleva a nada más que a esto que estamos metidos. A esta gigantesca mierda. Y los medios, y ya no solo los de este país, no hacen más que crear cortinas de humo, circo para el pueblo, con el fin de que sigamos embobados creyendo ciegamente en lo que nos dicen.

    Este sistema esta condenado a arder como ardió Pompeya. Nosotros insultamos a nuestra propia inteligencia con nuestros actos y eso esta teniendo su castigo. Si por mi fuera, le daria fuego a todos los que nos han traido hasta aqui, le daria fuego a todos esos ideales vanos y daria el pie para empezar desde cero con una nueva meta, buscar la plenitud más alla de los deseos comerciarles y el dinero.

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    Muy buen articulo. Te seguire de cerca.
    Un abrazo!

    • Muchas gracias, Alex:

      Yo aún no estoy por el fuego para purificar, sino más bien por la catarsis colectiva. Pero no creas, que día a día voy perdiendo la esperanza…

      Yo también te seguiré.

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