Tubos verticales de pigmentación lineal y accionamiento manual

Así describiría un extraterrestre un bolígrafo. Y así acabaremos hablando si nos dejamos llevar por esa moda actual de no tener claro dónde está el Norte. Seguramente influenciados por quienes peor se expresan, aquellos que siempre eran los últimos en clase y a los que nadie quería en su grupo –esto es, los políticos–; o lo que es más sencillo, contagiados por la falta de talento que reina por doquier. El caso es que ahora, nos ha dado por llamar a los vagos de toda la vida ‘personas desmotivadas’, los viejos han adquirido el status de ‘nuestros mayores’, los vagabundos –hermosa palabra castellana– son ni más ni menos que ”sin techo’ (y ya no digamos, ‘homeless’) y los ciegos han pasado a ser ‘invidentes’. Por citar solo cuatro ejemplos de lo que ha adquirido el nombre oficioso de sus, ya digo, más que probables instigadores: lo políticamente correcto. Nada como intentar hacer más llevaderos sus males, piensan el paternalista y el imbécil, que encontrar una forma diferente de denominarlos, que no describa tan abiertamente lo que son. Que está feo señalar con el dedo, niños.

Pero –y aquí es donde viene lo bueno; donde la corrección política se supera a sí misma–resulta que ya no cabe conformarse con los que pudieran necesitar nuestra ayuda lingüística, porque padecen alguna anormalidad. Como si se tratase de un virus, la cosa se ha contagiado a la vida cotidiana, y que no se te ocurra decir que tu prima es enfermera, que para eso tiene un diploma de Ayudante Técnico Sanitario (ATS); ni vayas por ahí diciendo que tu vecino es policía, porque él trabaja en los cuerpos y fuerzas de seguridad. Y si estás con los amigos en el bar, arreglando el mundo, haz como los políticos y no llames españoles a los españoles: somos la ciudadanía. Claro que como eso excluye a dos tercios, que viven fuera de las ciudades, si está en una taberna de pueblo habla de los campesinos y la campesanía; que ellos también tienen derecho a voto.

Estoy hasta donde no digo –para que Google no tache de pornográfico este ‘blog’– de soportar al que exige que llame a su ciudad Lleida, en lugar de Lérida, o Sanxenxo a Sangenjo, cuando no llamo Great Britain a Gran Bretaña, ni Køberhavn a Copenhague; de las y los feministas radicales que, olvidando que existen los sustantivos y los adjetivos sin género, y pretenden que todos comulguemos con ruedas de molino, como emplear desinencias en juez y no hacerlo, por ejemplo, en periodista o en inteligente; y del político de turno que habla de los vascos y las vascas o los calagurritanos y las calagurritanas. Tenían que rescatarnos, sí, pero de tanta poquedad.

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