‘Cortos de Fondos’ 34/258

Ya se me ha olvidado el genial arranque con el que se supone que todo buen narrador ha de impactar a sus lectores, para obligarles a seguir leyendo. No consigo recordar cuál era aquel comienzo subyugante que hace que estos no puedan apagar la luz de la lampara de la mesilla de noche, se pasen la parada de autobús en la que tenían pensado bajarse, o busquen cualquier excusa para tener un momento a solas, y poder así seguir avanzando en el relato; perdonando incluso la siempre grata ‘cabezadita’ de sobremesa en una cómoda butaca orejera…

Así que no me queda otra que finalizarlo de cualquier modo.

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