¡A hacer puñetas el tenderete!

¿Es impresión mía o se les está desmontando el chiringuito? A nada que uno lee con un poco de atención los escándalos de las últimas semanas, los más conspicuos representantes de eso que se ha dado en conocer como pilares del Estado andan como los Hermanos Tonetti: al que no le da una tarta en el rostro, se resbala con una piel de plátano o se cae en una alcantarilla sin tapa…

Ojo, que conste que la coyuntura actual no significa nada: en caso de que realmente se acabe viniendo abajo éste, que ya es mucho suponer, volverán a poner en marcha otro montaje, otro decorado de cartón-piedra igual de espectacular y realista, solo que esta vez más firmemente arraigado si cabe –que si hay un paradigma del ciudadano bobo es el español medio–, que a buen seguro llevará también más tiempo y más energías desenmascar.

Me refiero, por ejemplo, a la Casa Real, a la que le crecen los enanos: cuando no nos enteramos de que el abuelo ese que nos dejó el la poltrona otro abuelo, mucho más sangriento, está cazando paquidermos en África como un antiguo maharajá indio, mientras aquí soportamos el diluvio universal, resulta que su yerno va a intentar escaquearse y evitar el trullo, reconociendo que sí, que robó y engañó a varias administraciones, pero no lo suficiente como para que un tipo de clase alta pise la trena. Hasta ahí podíamos llegar. Me refiero también al presidente del Consejo General de Poder Judicial, otra de las tradicionalmente insignes instituciones del Estado, a quien han sorprendido manejando los dineros a su disposición como si se tratase de un premio de los Euromillones que pudiese gastar a su antojo, sin dar cuentas ni a su padre; su respuesta: que él está por encima de quienes le acusan, y que no tiene porque andar dando explicaciones. Ni a su señor padre.

Me refiero igualmente a Rodrigo Rato y compañeros banqueros mártires –y van tres de cuatro patas…–, que no contentos con habernos metido en la boca del lobo se están yendo “de rositas” haciéndonos un “sinpa” de muchos, pero que muchos ceros. y encima con la aquiescencia de los políticos, que muchas veces les nombraron para el cargo y/o supervisaron (supuestamente) su labor. ¿Y quién nos queda? ¡Exacto! Ya tenemos ganador: la Iglesia, a la que ahora los “rojeras” quieren cobrar no-sé-qué-impuestos por tener más posesiones inmobiliarias que la Duquesa de Alba. ¡Qué ordinariez! Como si fueran McDonald’s: mira tú que pretender hacerles pagar estando en el poder un partido fascista y nacional católico de los de toda la vida de Dios…

Nombrados los cuatro jinetes –y que conste que es raro que no haya algún militar cagándola a base de bien– no nos queda más que esperar el Apocalispsis. Avisados estábamos por los mayas.

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