‘Cortos de Fondos’ 24/258

Era el más fuerte de su grupo, y sabía que sus compañeros lo tenían claro, y presente. Algunos de ellos, casi todos, le envidiaban por ello; él, se compadecía. Pero no podía abdicar, porque sería peligrosamente entendido como debilidad. Y tampoco podía optar por fugarse, porque sospechaba que no podría sobrevivir en solitario.

Aquella dolorosa zozobra que amargaba su existencia en silencio se asentaba en dos razones, a su modo de entender igual de inquietantes.

Por una parte, su sistema nervioso debía estar en permanente vigilia, pues siempre había alguien maquinando de qué manera convertirse en el nuevo líder. Por otra, ser el mejor de una minúscula pandilla de ratas de alcantarilla, en una modesta y pulcra ciudad occidental era un honor dudoso para su cultivado ego.

Anuncios