Todos y ninguno

No es mío, que conste. Pero hace poco he encontrado, entre una barahunda de cajas de puros llenas de recortes de periódicos y anotaciones de mi puño y letra, libretillas de diversos tamaños llenas de esbozos de relatos, y un sinfín de posavasos, cajas de cerillas, ‘post-its’, servilletas de bar y hasta ‘metrobuses’, todos ellos garabateados por mi, una nota manuscrita de Jesús Martín, en su día redactor-jefe mío en un par de medios de comunicación impresos, en la que contaba la historia de cuatro personas, cuyos nombres eran Alguien, Cualquiera, Ninguno y Cada Uno.

Dice así: “Había que hacer un trabajo muy importante y Cada Uno estaba seguro de que Alguien lo haría. Cualquiera pudo haberlo hecho, pero Ninguno lo hizo. Alguien se disgustó por eso, ya que el trabajo era de Cada Uno. Aunque Cada Uno pensó que Cualquiera podría hacerlo, al final Ninguno se dio cuenta que Cada Uno lo haría. En conclusión, Cada Uno culpó a Alguien, cuando Ninguno hizo lo que Cualquiera podría haber hecho”.

Una metáfora fantástica del trabajo en equipo entendido a la mediterránea, ¿verdad?

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