Mañoso, pero un poco atropellado

Después de ver el último desfile de F1 –una carrera es otra cosa: mide la habilidad personal de los pilotos o el rendimiento de los monoplazas, no la rapidez con la que los mecánicos ajustan las tuercas a los neumáticos–; tras este edulcorado espectáculo para quien ha visto correr a Prost, y más tarde a Senna, me preguntaba si a nadie se le habría ocurrido antes comparar al bueno de Lewis Hamilton con aquel entrañable malvado de los dibujos animados conocido en España como Pierre Nodoyuna. Hasta que, claro, llegué a Google y me encontré con alrededor de 182.000 entradas al respecto.

No hay problema, porque prácticamente ninguna de ellas razonaba lo más mínimo la comparación entre ambos ases del volante e imanes para el desastre, y se limitaban a la simple mención de que el primero, con su torpe manera de conducir y conducirse comenzaba a parecerse sospechosamente al segundo.

Y es que las meteduras de pata del piloto inglés –parece un compatriota “mamado” compitiendo con otros ‘hooligans’ en un circuito de karts de Benidorm– recuerdan a las de aquel protagonista de la inolvidable serie de TV de Hanna y Barbera llamada “Autos locos”, en la que el malvado, pero inofensivo Nodoyuna perdía carreras que tenía ganadas, por hacer el bobo en el último momento; ganaba carreras, pero era descalificado por sus maniobras incalificables; era, en una palabra, infeliz, al no lograr nunca salirse con la suya. Como Hamilton, al que parece que lo único que podría satisfacer es acabar él sólo la carrera para ser el único en puntuar. Algo que, con sus arriesgados volantazos, sus continuo roces y aun choques en pista y en boxes, y sus desastrosas maniobras puede estar más cerca de lo que parece.

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