Ford: fabricación ordinaria, reparación diaria

Un viejo chiste de mi época escolar bromeaba sobre el significado de las siglas de la compañía estadounidense de automóviles Ford, atribuyéndoles un injusto, pero gracioso “fabricación ordinaria, reparación diaria”. Fuera de bromas, mientras zurcía esta mañana el descosido en la entrepierna de unos pantalones –sí, se me da bien coser, y hasta podría pensarse que me gusta– andaba pensando en la paupérrima calidad que tiene hoy en día las prendas textiles. Probablemente nunca han existido mejores materias primas en la historia de la humanidad, pero lo que es la fabricación está apenas un punto por encima de desastrosa y, ya hace tiempo, dos o tres por debajo de inaceptable.

No nos quejamos, porque es lo que hay. Pero estoy seguro de que si al primero sastre que confeccionó un pantalón le enseñasen el que remendaba yo esta mañana se moriría de vergüenza pensando, sin razón, que podía haber sido el precursor de semejante porquería. Y todo porque al primer consultor de empresa que recomendó a un fabricante no limitarse a producir para su entorno, sino ser ambicioso, pensar a lo grande y fabricar para otros lugares y otras personas –con las que nunca tendría que cruzarse en la calle o a la entrada de la iglesia– no le arrancaron la lengua con unas tenazas para evitar que siguiese propagando tamaña desgracias.

Porque no nos engañemos, ese, y no otro es el origen de la situación actual. El no tener que dar la cara sobre la calidad de su producto hizo que los empresarios, en su origen artesanos, pero tras la invención de la máquina de vapor y de la consecuente revolución industrial, convertidos en fabricantes, empezasen a descuidar ésta en beneficio de sus beneficios, valga la redundancia. Y ya se sabe que cuendo se prueba algo medianamente adictivo, como lo son las ganancias impunes, es difícil detenerse: si me puedo ahorrar dos duros pagando peroes sueldos, lo hago; y si trasladando la fábrica a un lugar pobre consigo aún más beneficio, ¿a qué espero? Así puedo pagar a un consultor desalmado que me recomiende cómo seguir empeorando el producto y sin embargo ganar más con él. A costa de los bobos a los que coser les parece una tarea gratificante.

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